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viernes, 11 de febrero de 2011

Yo te avisé

(Editorial de La Nación - Viernes 12 de Febrero de 2011)

¿Ley de medios o ley de fines políticos?

"La llamada 'ley de la democracia' se parece demasiado a la anterior del Proceso en su afán intervencionista y controlador"

Muchas son las declaraciones de funcionarios del gobierno nacional y legisladores del bloque oficialista alabando a la ley de medios con todo tipo de calificativos, especialmente el de ser una 'ley de la democracia'. Sin embargo, si se la lee detenidamente, se parece demasiado a la denostada del último gobierno de facto en su afán intervencionista y controlador, incluso de contenidos y expansión de voces..."

Fascismo de derecha versus fascismo de izquierda.

http://lacrisisesfilosofica.blogspot.com/2011/01/el-juego-de-las-diferencias.html

(Suplemento Económico de La Nación - Viernes 12 de Febrero de 2011)

Economía tomó de la Anses y el PAMI más de $ 12.500 millones

"Según las últimas resoluciones del Ministerio de Economía que se conocieron, durante 2010 el fondo gestionado por la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) financió el gasto público con US$ 2598,8 millones de dólares (unos $ 10.395,2 millones). Si se suman los $ 2130 millones tomados del PAMI -la obra social de los jubilados-, se obtiene que hay por lo menos $ 12.525 millones prestados por organismos de la seguridad social."

El gobierno estatizó las AFJP para proteger a los jubilados de los vaivenes del mercado. ¿Quién los protegerá ahora de los vaivenes electoralistas de nuestra presidenta en plena campaña?

http://lacrisisesfilosofica.blogspot.com/2010/08/de-naufragos-piratas-y-jubilados.html

jueves, 13 de enero de 2011

El Juego de las Diferencias

Existe un juego que si hoy tratásemos de jugar, más de uno perdería. Este es el juego de las diferencias entre la Ley de Radiodifusión (22285) y la nueva ley de Medios de Comunicación Audiovisuales (26522).

El problema es que ambas disposiciones tienen en común tres pilares fundamentales. El primero es la declaración de la “comunicación audiovisual” o “radiodifusión” como un servicio de interés público. El segundo es que a través de ambas leyes podemos ver una exaltación de la “argentinidad” o lo nacional por sobre lo foráneo. Por último, ambas leyes tienen como objetivo la protección del espectador.

Interés Público

Por más que en el discurso intente oponerse visceralmente a las ideas de la dictadura de los `70, el gobierno de los Kirchner (impulsor de esta ley) comparte con ellos la idea de que los medios son de interés público.

El problema con esta pomposa declaración es que como ese interés es tan difícil de identificar –ya que somos 40 millones con distintos pareceres y deseos- probablemente lo que termine imponiéndose sea el interés propio del gobierno que dice (por ganar las elecciones) ser el representante de todos.

Finalmente, la consecuencia puede variar desde tener programas de “promoción cultural” con gauchos cocinando asados en algún canal perdido, o bien a tener la versión argentina de “Aló Presidente” con CFK como animadora y Aníbal, Bodou y Randazzo en el rol de panelistas incisivos.

Lo Nacional

La vieja ley sugería que “La programación deberá incluir, preferentemente, obras de autores nacionales e interpretaciones de artistas argentinos[i]. La nueva, a diferencia (perdón, en la misma línea), impone que “Los servicios de televisión abierta deberán emitir un mínimo del 60% de producción nacional; con un mínimo del 30% de producción propia que incluya informativos locales.”[ii]

Ahora bien, ¿Por qué cuando a Mauricio Macri se le ocurre acusar a la“inmigración descontrolada” de peruanos y bolivianos de ser la culpable de los hechos ocurridos en el Parque Indoamericano, todos coincidimos en tildarlo de xenófobo pero cuando el gobierno impulsa una ley donde al capital y al trabajo extranjero se le da un lugar de segunda, a todos nos parece fenómeno? ¿No es este otro caso de lisa y llana xenofobia?

Protección del Espectador

He aquí donde la izquierda y la derecha estrechan sus manos y nos dicen “tranquilos, nosotros los cuidamos”.

La diferencia es que van a cuidarnos de cosas distintas. Mientras la ley vieja busca protegernos de que “atenten contra la salud o estabilidad síquica de los destinatarios de los mensajes o contra su integridad moral[iii], la nueva intenta protegernos de una supuesta concentración de medios que podría –dios no quiera- hacernos pensar algo que a ellos no les guste:

Con el fin de impedir la formación de monopolios y oligopolios, el proyecto de ley pone límites a la concentración, fijando topes a la cantidad de licencias y por tipo de medio.[iv]

Para protegernos los militares inauguraron el COMFER, mientras que los del Frente Para la Victoria lanzaron la AFSCA y además agregan una serie de regulaciones referentes a las licencias con el fin de evitar la “concentración” –o sea, concentrar pero en manos amigas-.

Ahora bien ¿Por qué tenemos dos leyes tan parecidas en esencia pero diseñadas por ideologías supuestamente antagónicas?

¿Será esto señal que desde ambos lados del espectro político sí se cree en la existencia del “interés público” y se acepta que Cristina o el General de turno sean los encargados de expresarlo?

¿Será que ambas facciones se olvidaron que su misión como gobernantes es “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”?

¿Será que izquierda y derecha coinciden en considerar al televidente un ser poco capaz de cambiar de canal o simplemente apagar el televisor si lo que tiene en frente no le gusta?

Los impulsores de la nueva ley alzan la bandera de la “democratización” de los medios. Sin embargo, en esencia y en principios, coinciden con una ley promulgada por un gobierno militar bastante poco democrático.

¿Y nosotros? ¿Estamos en condiciones de creer que los medios interesan sólo a quien produce y a quien consume y no "al pueblo"? ¿Podremos dejar la xenofobia de lado y abrir las puertas sin prejuicios? ¿Estamos listos para adueñarnos verdaderamente del control remoto?

viernes, 2 de julio de 2010

Totalitarismo versión Argentina 20.10

(El presente artículo está inspirado en “La mentalidad nazi en Estados Unidos” de Jacob G. Hornberger -director de la fundación “The Future of Freedon Foundation”- publicado en los números de Agosto y Septiembre de 1994 de la publicación mensual “Freedom Daily”.)


Unas décadas atrás, el premio nobel de economía Friedrich Von Hayek publicaba en su libro “Camino de Servidumbre”[i] una tesis que conmocionaría al mundo: Que la dirección planificada de la economía llevaba indefectiblemente a la dirección centralizada de la vida misma del hombre dentro de la sociedad. Además, advertía a los países aliados que, a pesar de enfrentar militarmente a los regímenes totalitarios, no diferenciaban mucho sus políticas económicas de éstos.

Si bien la Argentina se hizo esperar para declararle la guerra al Eje, pocos pensarían hoy que el nazismo tiene algún asidero en el país. Sin embargo, Hayek tenía un punto.

Prestemos atención a los siguientes extractos de la postulación de principios del Partido Nacionalsocialista alemán de 1920:
  • "Nosotros peticionamos que el gobierno provea a los ciudadanos por sobre todas las cosas de igualdad de posibilidades en lo laboral y en los medios para ganarse la vida".

  • "Las actividades individuales no deben superponerse a los intereses de la comunidad, sino llevarse a cabo dentro de ella y para el bien de ella… "

  • "Exigimos ganancias compartidas en los grandes negocios"

  • "Exigimos ampliar la seguridad social de la tercera edad"

  • "… el gobierno debe proveer una gran extensión de todo nuestro sistema de educación pública..."

  • "Combatiremos el espíritu materialista dentro y fuera de nosotros, y estamos convencidos que la permanente recuperación de nuestra gente sólo procederá bajo la insignia ‘El Bien Común antes que el Bien Individual’."
De lo anterior se concluye que existe un “bien social” y que, en ciertas oportunidades, éste entra en conflicto con el “bien individual”. Es decir, mi búsqueda del beneficio podría ir en contra del beneficio de todos.

La misma idea es expresada por Marx cuando, en su obra “El Capital”, describe el proceso de la plusvalía, la acumulación y la explotación:

“El capitalista no se enriquece, como el labrador o el artesano independiente, en proporción a su trabajo particular y a su sobriedad personal, sino proporcionalmente al trabajo gratuito de otro que absorbe y a la privación de todos los placeres de la vida que inflige a sus obreros”[ii]

Nazis y comunistas, entonces, coinciden en que el bien individual está en contra del bien grupal y que, en las ocasiones en que se enfrenten, el gobierno debe hacer prevalecer al grupo y sacrificar al individuo. Sin embargo, si bien iguales en los principios, marxistas y nacionalsocialistas se diferencian en los métodos.

Como escribiera Leonard Peikoff en “The Ominous Parallels”:


"Contrarios al marxismo, los nazis no postulan el poder estatal de los medios de producción. Ellos exigen que el gobierno supervise y controle la economía nacional. El tema de la propiedad legal es secundario, dice el nazismo; el punto del control es aquí fundamental. Los individuos, por lo tanto, continúan siendo propietarios, siempre y cuando el Estado se reserve el absoluto derecho de regular la propiedad".

En función de esto, no podríamos sugerir que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sea marxista. Sin embargo, no podemos decir lo mismo acerca de su fuerte raigambre totalitaria.

Si bien esto no sólo es patrimonio de ella y su marido (ya que, en coincidencia con la descripción de Peikoff la propiedad en Argentina ha estado controlada y regulada desde las primeras décadas del siglo XX) podría afirmarse que Cristina Kirchner habría aplaudido la proclama de 1920 de haber tenido la oportunidad. De hecho ¿no ha obrado bajo principios similares?:

“Este Estado ha construido desde 2003 un proyecto de país absolutamente diferente, poniendo al mercado controles y regulaciones… este es un Estado que ha ayudado mucho al mercado y que no hizo lo que hicieron con él. Al contrario, el año pasado, cuando el mundo se caía, estuvo presente el Estado en todos los frentes (…) Fuimos después de China, según la ONU, el país que más esfuerzo fiscal puso para hacer frente a la crisis…”[iii]


La moderna demagogia ya no pone al Mercado en el banquillo de los acusados, sino que lo lleva al diván. Es decir, el mercado no es malo por sí sólo pero como, en el fondo, está guiado por aquellos sentimientos oscuros del hombre como la “codicia” y el “interés personal”, como un paciente psicótico, debe ser “ayudado”.

A esta altura, no nos sorprende que CFK tenga este razonamiento. Sin embargo, sí sería lamentable que (más allá que no nos guste este gobierno o lo critiquemos) compartiéramos sus principios ideológicos básicos.


La crisis es filosófica. El interés “social” no existe sino como una suma de nuestros bienes individuales y cada individuo está capacitado para descubrir cuál es su “bien” siempre y cuando respete la vida y la propiedad de otros. Cualquiera que diga lo contrario miente y, voluntariamente o no, está plantando la semilla de los regímenes más trágicos de la historia del hombre.