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miércoles, 18 de abril de 2012

Comprensión o Compulsión

El carnicero del barrio junta los pesos que ganó en el mes. Destina una parte a los gastos corrientes y lo que le sobra lo usa para comprar dólares. Podría haber invertido en una heladera nueva.

Un empleado piensa en irse de vacaciones y elige Brasil. Podría haber viajado a Mar de Ajó.

Una petrolera decide utilizar las ganancias generadas en Argentina para expandirse en otros negocios fuera del país. Podría haber invertido en aumentar la producción.

¿Qué tienen en común estos tres “agentes de la economía”? En primer lugar, que toman una decisión en función de una variedad de alternativas. La toma de la decisión implica necesariamente que prefieren ese curso de acción y no otro distinto; evidencia que eligiendo ese camino creen que estarán mejor que si eligieran otro. Nada impide que, a posteriori, se den cuenta que estaban equivocados.

Lo segundo que tienen en común es que el camino elegido refleja que no desean invertir su dinero en Argentina. En el caso del turista, tal vez crea que Brasil es más lindo o tal vez nuestra inflación le ha hecho pensar: “por el mismo dinero, conozco otro país”. Si el carnicero compra dólares en lugar de una nueva heladera probablemente crea que para “los tiempos que vienen” lo mejor es ahorrar en algo seguro, en lugar de invertirlo. Para la petrolera, el caso no es muy distinto, tal vez supongan que realizar inversiones en el país conlleve un riesgo más grande que hacerlo en algún negocio en algún otro destino donde, por ejemplo, pueda elegir a qué precio vender.

Partir de esta base implica de nuestra parte partir de una “verstehen”, de una comprensión acerca de por qué el hombre actúa como actúa. “La comprensión aborda los juicios de valor, las elecciones de los fines y los medios a los que se recurre para alcanzar estos fines…”[1]. La verstehen apunta a entender: ¿por qué no se invierte en el país? ¿Por qué no solo las grandes y malignas corporaciones compran dólares sino los pequeños y medianos empresarios, los trabajadores y los empleados públicos? ¿Por qué el dinero fluye al exterior en lugar de quedarse aquí generando trabajo e inclusión social para los argentinos y las argentinas?

El sistema en el que vivimos no se molesta en realizar estas reflexiones. Lo que el gobierno ve en la realidad es un caos que necesita ser ordenado por resolución ministerial. Donde algunos ven orden espontáneo, ellos ven un inerradicable conflicto de intereses. Ven un interés público constantemente atacado por el fin de lucro de la ley del mercado que no quiere crear trabajo argentino.

Acto seguido, controlan los precios, insultan a productores de yerba mate, nacionalizan los ahorros, nacionalizan Aerolíneas Argentinas, declaran que el fútbol es para todos, prohíben que los que viven en el exterior extraigan dinero de sus cuentas en pesos y, como corolario – o nuevo punto de partida ¿quién sabe? – esta semana expropiaron YPF.

¿Y por qué NO hacerlo si, de otra forma, el mundo sería un caos?

El sistema en que vivimos presupone que el gobierno es el único que puede sacarnos de un inevitable mundo de todos contra todos. El voto mayoritario legitima, y al que no le gusta, está a favor del caos y la locura.

En el camina queda la libertad, como algo idílico, algo que alguna vez quisimos conseguir pero que ahora no es más que otra piedra en el zapato.



[1] Ludwig von Mises: “Los Fundamentos Últimos de la Ciencia Económica”

lunes, 16 de abril de 2012

Detrás del escándalo


Esta es mi teoría: El gobierno es culpable de los elevadísimos niveles de inflación que padecemos. Aunque, ya sabemos, no están dispuestos a admitirlo. De hecho, hace poco, Marcó del Pont esbozó la teoría de la inflación como problema de oferta y del sector externo[1]…. No es de extrañar entonces que, ante este mal diagnóstico, decidan aplicar una mala solución: tomamos control de YPF y vendemos a precios bajos. Total, la diferencia la pagan los contribuyentes, o los pesos del BCRA, o los que compren deuda pública.

Ahora bien ¿se trata solo de un error económico? Veamos…

¿Hace cuánto que los argentinos aceptamos y aplaudimos la idea de que los “intereses del conjunto” están por encima de los “sectoriales”? ¿Hace cuánto que los argentinos compartimos el principio de que el “bienestar general” debe primar sobre los egoísmos individuales?

¿Cuántos están convencidos de que tanto el fútbol como la comunicación audiovisual son de “interés nacional”? ¿Cuántos son los convencidos de que los empresarios son entes egoístas contrarios al “bien público”?

¿Y cuántos son los que están firmemente convencidos de que los gobiernos de turno son los fieles representantes de ese supremo e intocable interés popular, común, nacional?

¿A quién extraña, entonces, que se anuncie con bombos y platillos que el “51% [de YPF] no va a ser manejado por ningún grupo económico privado[2]? ¿Puede sorprendernos que la expropiación se proponga sobre la base de la protección de la industria nacional, los usuarios y los consumidores[3]? ¿Llama a alguien la atención que la coacción y la violencia se escuden en el vaguísimo concepto de la utilidad pública?

Ayn Rand escribió una vez:

“Dado que no existe entidad tal como ‘el público’, dado que el público es meramente un número de individuos, cualquier supuesto conflicto del ‘interés público’ con los intereses privados implica que los intereses de algunos hombres deberán ser sacrificados para satisfacer los intereses y deseos de otros. Dado que el concepto es tan convenientemente indefinible, su uso descansa solamente en la habilidad de una pandilla para proclamar ‘el público c’est moi[4]

La pandilla de turno es hoy la administración Kirchner. Sin embargo, mientras sigamos sosteniendo las anteriormente mencionadas premisas fundamentales, el zorro podrá perder el pelo, pero jamás perderá estas mañas.



[1] “En nuestro país los medios de pago se adecuan al crecimiento de la demanda y las tensiones de los precios están por el lado de la oferta y el sector externo” http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-190369-2012-03-25.html

[3] Idem I. Industria, usuarios y consumidores que la propia política del gobierno – y no los empresarios –pone en esta situación.

[4] Ayn Rand: “La Virtud del Egoísmo”

viernes, 26 de agosto de 2011

Democracia Bajo Fuego: El Valor de la Crítica

Tiempo atrás nos referimos al problema que traía aparejado perseguir judicialmente a alguien por expresar sus ideas, pensamientos o sensaciones, por más abominables que éstos nos parezcan.

Poco después, Fito Páez vomitó insultos contra “la mitad de Buenos Aires” y levantó una polémica enorme por haber tratado mal a los votantes. ¿Cómo se permite semejante osadía? Sobre el asunto se escribieron artículos enteros descalificando sus dichos y criticando su actitud antidemocrática, por sobre todas las cosas. Aquí, en cambio, discutimos sus ideas.

Ahora bien, luego de las primarias, como ganaron los que no le gustan a la Sociedad Rural Argentina (pero sí a los artistas), quienes se llevaron el premio al exabrupto fueron sus representantes.

Hugo Biolcati sugirió que a los argentinos lo único que les interesa es tener un LCD y mirar a Marcelo Tinelli mientras que el país va camino al iceberg. Otro nuevo ataque de flanco hacia el supuesto egoísmo de los votantes, y hacia el elemento esencial de la democracia, “el pueblo”, los que votamos (que es distinto a “Los que Vivimos”).

Probablemente, como ya le pasó a Fito, Biolcati también reciba su correspondiente citación judicial. Pero, por las dudas, ya tiene una colección de críticas para entretenerse. El típico “gorila”, de parte de Aníbal Fernández, “lo peor de la Argentina” y “se le salió la chaveta” fueron algunas de las reacciones.

Así las cosas, lo que en la Argentina parece imperar es una serie de temas sobre los que nadie debe opinar distinto, o bien si lo hace, disimularlo lo más posible si no quiere ser investigado por la justicia, por el INADI, o demonizado por Clarín o “6, 7, 8” (según corresponda).

El problema con esta actitud es que impide llegar a mundos mejores. Si las expresiones de Páez o de Biolcati son atacadas con violencia y denostadas de manera que la próxima vez piensen dos veces antes de opinar sobre la “voluntad popular”, nos quedaremos sin voces críticas. Y las voces críticas son esenciales al mundo por dos cosas:

En primer lugar, si las críticas son erróneas, el hecho de que hayan salido a la luz, nos da la posibilidad de contrarrestarlas, de oponer nuestra teoría y reforzar nuevamente su valor.

Por el contrario, si las críticas son acertadas (y creo que nadie pensó en esta posibilidad), entonces estamos ante la posibilidad única de dar un nuevo debate, y de encontrar sistemas que satisfagan mejor las necesidades de todos.

En el año 1600 Galileo Galilei salvó su vida al confesar bajo presión que su teoría sobre el movimiento planetario era falsa. Sin embargo, la Tierra gira alrededor del Sol.

Probablemente no sean Biolcati ni Fito Páez los Galileos de nuestra era.

Pero que no queden dudas que la actitud de persecución y vilipendio de cualquiera que critique ciertos asuntos de nuestra vida pública es la garantía más grande de que si hay un Galileo dando vueltas, nunca lo vamos a conocer.

viernes, 19 de agosto de 2011

Paul Krugman: nueva víctima de la crisis filosófica

La economía es una rama de la ciencia que admiro particularmente. El estudio de la acción humana orientada a la satisfacción de necesidades, que da lugar a la interconexión libre y pacífica entre las personas, no puede ser tomado como algo menor, o meramente técnico. Sin embargo, algunos economistas se empeñan en quitarle todo contenido humano.

Es así como el premio nobel Paul Krugman, abogado del déficit y de la expansión fiscal (sólo para momentos de “crisis”), propuso –a modo de exageración- que si la sociedad norteamericana tuviera que armarse en defensa de una supuesta invasión alienígena, el gasto que esto generaría reactivaría la economía de manera tal que una vez que se dieran cuenta que tal invasión era un invento, ya habrían salido de la crisis.

Más allá de que este razonamiento roza el disparate económico, me gustaría analizar el tema desde un punto de vista moral, desde qué concepto del hombre tiene detrás esta teoría.

El razonamiento sería el siguiente: El país está próximo a una recesión, o sea, pocas ventas, poca rentabilidad, empresas en riesgo, quiebras, despidos y el círculo se pone peor. Entonces, ¿qué hacemos? El que tiene plata –El Estado, que no tiene pero puede fabricarla- la inyecta en el mercado y eso hace que vuelva el consumo, vuelvan las ventas, vuelva la rentabilidad, y todos contentos. ¿Inflación, endeudamiento, impuestos más altos? Después vemos.

Lo importante es que los americanos vuelvan a consumir. ¡Malditos americanos que dejaron de comprar todos al mismo tiempo! ¿Cómo se les ocurre? Pensar en las causas parece ser demasiado esfuerzo.

Pero el gran problema que hay con este razonamiento que ataca el síntoma es dónde sitúa al ser humano. Es decir, se considera que si desde el Estado manejamos ciertas variables, entonces el mundo vuelve a la “normalidad”.

Ahora bien, ¿Qué somos, relojes? ¿Somos tornillos de un carburador que si está andando mal nos tienen que ajustar? ¿Cuál es la normalidad? ¿Es aquel mundo dinámico que hacen los hombres en uso de su libertad, o es aquello que Paul Krugman quiere que la normalidad sea?

¿Por otro lado, cuál es la función de los bienes en el mundo, satisfacer las necesidades humanas, o es el ser humano el que tiene que satisfacer la necesidad de los bienes de ser comprados?

Si bien la propuesta del premio nobel tiene un lado económico oscuro en cuanto a las consecuencias que generaría, hay algo más profundo detrás que necesita ser combatido. Somos seres humanos y animados, no objetos o fichas de un tablero de ajedrez.

No permitamos que "la economía", la estabilidad financiera o los ratings de S&P sirvan de excusa para que nos den el trato que le dan a las piezas de un motor y no dejemos que nos usen como herramienta para consumir, cuando el consumo es nuestra herramienta para sobrevivir y no a la inversa.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿Por qué no era para todos el "Deporte Para Todos"?

“Yo quiero decirles que me siento muy feliz en el día de hoy porque a ese Fútbol Para Todos ahora se suma este Deporte Para Todos los argentinos. Para que todos los argentinos puedan disfrutar libremente por la televisión abierta de cosas que no lo podían hacer si no tenían su cable, su abono, su pago (…) chicos que vieron después de catorce o quince años, por primera vez fútbol en su casa… cosas tan simples, de tan simples que parece mentira que no se podían realizar…”

La anterior es una cita textual del discurso con el que la presidenta anunció el programa “Deporte Para Todos”. Dejando de lado el reproche al redactor del mismo (que debe haber reprobado Lengua en sendas oportunidades), me gustaría en esta oportunidad debatir esta última aseveración: ¿Si era tan simple brindar deporte para todos, por qué no se hizo antes?

Lo llamativo de todo esto es que la mismísima primera mandataria nos dio la respuesta minutos después:

“A mí la verdad… yo no miro los partidos de futbol por televisión”

¿Pero Cómo? Si el fútbol es un “bien social”, un “bien público”[i], si es una pasión de los argentinos, cómo es posible que CFK no siga el campeonato ¿Será que es francesa, española o chilena?

Nada de eso. Es argentina con domicilio en provincia de Buenos Aires, al igual que las muchas mujeres que prefieren hacer otra cosa en lugar de mirar fútbol por TV.

¿Y cuántas mujeres son las que nunca en su vida miraron un partido de Rugby –que ahora será incluido en las programaciones gratuitas-? ¿Y a cuántos hombres sólo les interesa el fútbol pero jamás mirarían un partido de Vóley? ¿Cuántos tuercas no miran fútbol? ¿Cuántos futboleros no miran el TC2000?

Este es el principal motivo por el cual el deporte no es para todos. Simplemente porque no todos están interesados en el deporte. No existe el deporte como interés nacional, pasión de los argentinos o bien público. Existe como interés de algunos, pasión de otros y bien privado.

Aceptémoslo Nalbandián, muy pocos miran tus partidos en Argentina… Ni hablar de los Milincovic o los Meana. ¿Quién se fuma la liga argentina de Vóley? Nadie.

Son públicos minoritarios, son nichos que algunos empresarios identifican y buscan satisfacer su necesidad a cambio de alguna compensación. Así funciona. El esfuerzo para transmitir se ve compensado por el televidente interesado, es una relación de dos en donde ambos quedan contentos.

Con el “Deporte para Todos” la relación cambia. Cristina no mira fútbol pero le paga la transmisión a los futboleros. El esfuerzo por transmitir lo compensa el dinero de los impuestos, y los beneficiados son de nuevo el transmisor y los televidentes, pero a costa de un tercero que no mira ni televisa.

Entonces estimada Presidenta: El fútbol, como cualquier otro deporte, no es para todos porque no a todos nos gusta el deporte –de hecho usted lo admite-. Si a usted no le molesta financiar la transmisión de los partidos de Racing, la invito a que cree una fundación. Pero no tome mi dinero coactivamente para semejante injusticia.



[i] Son palabras textuales extraídas del discurso de la presidenta que puede verse completo en estos dos links:

http://www.youtube.com/watch?v=hBnw3mVOc5o

http://www.youtube.com/watch?v=QQzkFlR43xI

viernes, 18 de febrero de 2011

Escra-Che

En la última semana, los medios de comunicación se alarmaron porque, de ahora en más, tus hijos van a ir al colegio y les van a enseñar a escrachar gente. Bueno, en realidad, no es tan así.

Lo que sucede es que –para el ciclo lectivo 2011- el Ministerio de Educación Bonaerense anunció que en la materia “Política y Ciudadanía” (¿?) se va a estudiar el escrache como forma de manifestación ciudadana. Hasta aquí la primer parte del título de hoy.

En cuanto a la segunda parte, la editorial “La Marca” anunció la publicación de un libro que en forma de cuento realza la vida de nuestro celebérrimo guerrillero Ernesto Guevara. Por supuesto, el Ministerio de Educación ya preseleccionó el cuentito para que pase a integrar las bibliotecas de las escuelas de educación primaria.[i]

Sobre los escraches, no podemos disentir con el Ministro Bonaerense en que éste forma parte de “las formas en que el mundo contemporáneo ha visto manifestarse a la sociedad[ii] Por otra parte, el término escrachar usado familiarmente implica poner en evidencia a alguien, lo que no siempre tiene que implicar una actitud fascista. En conclusión, creo que si estuviera pensando estudiar Ciencia Política o alguna disciplina afín estaría más que encantado de poder analizar este tipo de manifestaciones desde una perspectiva crítica y objetiva.

Respecto del médico devenido en conductor de la Revolución Cubana, bienvenida sea la publicación de un libro que lo santifique. De hecho, sobran películas que lo hacen y nadie nunca dijo nada. El tema es que cuando aparezcan los “Videla para principiantes” o “El niño Adolfito” también los podamos apreciar como manifestaciones de la libertad de expresión a la que cada individuo tiene derecho y la que no siempre traerá las mejores creaciones.

Ahora bien, seguramente -contrario a mi pensamiento- existan padres que crean que sus hijos no deben ir al colegio para entender qué es un escrache, sino más bien para recibir información que les permita conseguir un buen trabajo. Otros argumentarán que materias tan específicas deberían corresponder a otro tipo de estudios y no a un secundario y habrá otros (los alumnos, por ejemplo) que queden más que satisfechos de ir al colegio y que la profe hable de los escraches mientras ellos puedan seguir jugando al truco.

En la misma línea, muchos se opondrán a la imagen que el cuento le da al revolucionario Guevara. Muchos insistirán en que los medios no justificaban sus fines, en que cometió crímenes aberrantes y que definitivamente no le gustaría que su hijo reciba esta versión lifting de la realidad.

Hasta aquí, todas posturas válidas o defendibles desde alguna perspectiva. Sin embargo, todos sin excepción iremos al colegio y aprenderemos sólo una de estas posturas. O escrache, o no escrache. O el “Che” fue un “ejemplo en cuanto a sus valores, a su compromiso con el bien común y a su solidaridad”[iii] o el “Che” fue tan malo como la dictadura que combatió.

La verdad quedará en manos del Ministerio. Y si bien se supone que al Ministro de Educación lo designó la autoridad que “el pueblo” eligió –presidenta, gobernador, jefe de gobierno- la realidad es que vos no sos el pueblo (porque cuando somos todos no es nadie) y vos no tenés ganas de mandar al chico al colegio para después tener que tomarte el doble trabajo de explicarle que los valores del “Che” eran más parecidos a los de Mubarak que a los de Sarmiento o que el bien común es la entelequia usada para beneficiar a unos en perjuicio de otros.

Finalmente, probablemente sí termines con ganas de darle una clase práctica de escraches yendo a la puerta del colegio a exigir que se enseñe como corresponde.

O por ahí, nos animamos un poco más y exigimos que nunca más un ente centralizado y omnisapiente sea el que decida qué es lo mejor que deben estudiar nuestros hijos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Lecciones de Ratatouille II

Lección de Ratatouille #2: Si la función del líder es proveer el “bienestar general”, entonces algunos se deberán sacrificar en favor de otros sin contraprestación. Si así no lo hicieren, entonces serán tratados de traidores, antipatrias, elitistas u oligarcas.

Para que nadie se enferme, Remy tenía que cumplir su función de controlador de veneno. Sin embargo, como su pasión era ser Chef, su padre lo trata de “humano” y de snob.

Para que todos coman carne, los productores deben abastecernos a precios “populares”. De lo contrario, son tratados de oligarcas, desestabilizadores y se les prohíbe ejercer el comercio o se intenta retenerles un porcentaje confiscatorio de sus ganancias.

Lección de Ratatouille #3: Si la función del líder es “protegernos”, por más que allá afuera no haya peligro alguno, éste se empeñará en buscarlo, encontrarlo y repetirlo hasta el cansancio hasta que nos demos cuenta que estamos bajo amenaza permanente.

Que los humanos odiamos a las ratas es real, pero también es cierto que Remy encontró al único humano que estaba dispuesto a llevarse bien con una rata.

Que el comercio internacional puede fundir a algún productor argentino también es real, pero también es cierto que si miramos atentamente todo el tablero, el beneficio es mayor que el costo porque implicó que la gente eligió en libertad por el producto “mejor”[i].



[i] Aquí “mejor” refleja un concepto relativo. Relativo a un momento dado, un lugar dado, y unas preferencias específicas para ese tipo de producto. Es un concepto que, aplicado a cualquier bien, cambia constantemente. Ésa es la esencia del mercado.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Muerto el perro ¿Se acaba la rabia?


El pasado viernes 11 de Septiembre el ex-presidente Néstor Kirchner fue internado debido a una obstrucción coronaria y debió someterse a una angioplastia.


Dadas mi ignorancia en temas médicos y mi tendencia a la hipocondría, y sumado al hecho que Néstor ya había sido intervenido hacía no mucho tiempo pensé que algo realmente malo podía pasar. Sin rodeos, temí su muerte.

Acto seguido me pregunté ¿Y si se muere Kirchner, qué le pasa a la Argentina? Qué pasa con el país de la inflación, la inseguridad, el autoritarismo y la violencia si quien es acusado de gobernarlo (porque sabemos que en los papeles gobierna su mujer) deja de existir.

Para ponerlo en términos menos lúgubres: ¿Qué sería de nuestro país si Néstor decidiera mañana tomarse un avión y pasar un merecido descanso vitalicio en las Bahamas luego de tanto empeño puesto en la destrucción de nuestra nación? ¿Cambiaría algo? Veamos.


En ocasión de su presentación ante el Congreso Nacional en Marzo del 2004 Kirchner puntualizaba sobre los siguientes temas:


El Estado que regula el mercado:

“Capitalismo con reglas claras en las que el Estado cubra su rol con inteligencia, para regular, para controlar, para estar presente donde haga falta mitigar los males que el mercado no repara. Un estado que ponga equilibrio en la sociedad y que permita el normal funcionamiento del país”

Sobre el Estado estimulador del consumo:

“… la recuperación del consumo ha sido puesta en el centro de la economía. Sin consumo creciente la recuperación se queda sin locomotora y el crecimiento sostenido no define su sendero.”

Sobre el Estado Inversor:

“Con la creación del Ministerio de Planificación Federal e Infraestructura, y con la decisión expresada desde el primer día de nuestro gobierno, se ha vuelto a planificar y a ejecutar obra pública en la Argentina…”

Sobre el Estado como el creador del “Bien Común”:

“Nuestra convicción nos impone tratar de servir al interés del conjunto por sobre los intereses sectoriales o de partido, poner el bien común por sobre los intereses individuales…”

Más allá de que en la actualidad NK no es el político mejor visto, es interesante notar que en el momento de estas declaraciones, Kirchner contaba con un apoyo popular cercano al 80%.

Y aún el día de hoy ¿Cuántos argentinos rechazarían estos postulados? ¿Cuántas personas aceptan que el Estado debe regular al “capitalismo salvaje”? ¿Cuántos consideran que efectivamente es función principal del gobierno promover el “bienestar general” dando educación, salud, salarios elevados, empresas eficientes, crecimiento del empleo? ¿Cuántos criticarían la idea del Ministerio de Planificación como generador de empleo y en consecuencia consumo y producción? ¿Cuántos tienen la certeza absoluta de que el interés social debe anteponerse al interés individual?

Por más honestidad y nobleza que estos postulados parezcan tener, debemos notar que existe una relación inevitable entre éstos y los posteriores hitos de la gestión K.

En efecto: ¿es mera casualidad que luego de “la recuperación del consumo” estemos lidiando con un proceso inflacionario de los más serios de las últimas décadas? ¿Es producto del azar que luego del establecimiento del Ministerio de Planificación Federal y el regreso de la obra pública casi todos los escándalos de corrupción tengan estrecha relación con éste? ¿Es producto del mal carácter de Moreno que la libertad de comercio en Argentina sea hoy una utopía o tiene que ver con la idea de proclamar “serio” a un falso capitalismo que regula y asfixia al tiempo que propicia todos los espacios para la creación de “peajes” y prebendas?


Por último: Si es Kirchner el que va a procurar el bien común de los argentinos, y va a desentenderse de los intereses individuales, ¿cuál es la necesidad de tener un congreso balanceado?


¿Cómo no va a ser agresivo con la prensa crítica si, en última instancia, es él el único que conoce y defiende el “interés general”? ¿Cómo no considerar “enemigo de la patria y el pueblo” a todo el que piense diferente?

Es popular el dicho que acá tirás una semilla y algo crece. Tenemos un suelo muy fértil para la agricultura. De la misma forma, tenemos un terreno fértil para el surgimiento de gobiernos abusivos e ineficaces.


Si compartimos las premisas filosóficas de sistemas mediocres y autoritarios, difícilmente el hecho de que Kirchner se retire en Bahamas tenga verdadero impacto en nuestro desarrollo. La prueba más notable de esto la ofrece el hecho que la presidente sea Cristina Fernández... de, por y para Kirchner.
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Algunos hitos del gobierno de Kirchner:

viernes, 3 de septiembre de 2010

Amando nuestro país

“No es lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que puedes hacer tú por tu país.”

John F. Kennedy

Y, finalmente, luego de décadas de penurias sociales y económicas, en nuestro país habíamos llegado a entender el verdadero sentido de la solidaridad social, el compromiso moral y la fuerza de la unión. Fue ese día, en Noviembre, que consagramos el amor a nuestra patria.

Queríamos tanto al país, que nuestra alimentación se basó sólo en productos bien nuestros. ¡Siempre fuimos un país agricultor y por fin estábamos beneficiándonos de ello en plenitud! Leche, carnes, cereales, todo era nacional. Ganábamos nosotros y, de paso, proveíamos a nuestros agricultores de una fuente de sustentación estable y no sujeta a demandas irracionales del exterior.

Amamos la patria, tanto que no nos interesaba siquiera pensar en comprar ropa afuera de las fronteras. ¿Qué necesitábamos? ¿Zapatos, zapatillas, remeras, camisas, sacos, corbatas? Lo que fuera, lo tendríamos. ¿Y qué si no tenían la marca de última moda? ¿Lo que se necesita es cubrirse del frío, o no? Y en este ciclo virtuoso los “textiles” se encumbraban en la escala social al tiempo que satisfacían las necesidades del pueblo.

Por esa época quisimos tanto nuestro suelo y confiamos tanto en el poder de nuestros ingenieros y empresarios que supimos que no sería necesario importar más automóviles. Nunca más. No le íbamos a pagar a un “John Doe” para que nos provea de un vehículo, si sabíamos que el Ingeniero González también podría hacer uno sin problemas. Poco tiempo pasó para que el Ingeniero fuera el nuevo Jefe de la Subsecretaría de Familia del Ministerio de Producción Automotriz.

Tanto amamos nuestra cultura y nuestra lengua que se decidió que ya no era necesario y, por supuesto, iba contra el buen gusto y ofendía nuestras costumbres escuchar músicas en otro idioma o leer libros de autores extranjeros. ¿Para qué? Si consumiendo cultura nacional nos cultivábamos nosotros y ayudábamos a nuestros hermanos.

Tanto amor por el país teníamos que elegimos un gobierno que tuviera esa misma pasión y ese mismo fervor por el sentir nacional. Naturalmente no íbamos a dejar que ningún sujeto, diario, revista o medio extranjerizante y contrario a la impronta de progreso de nuestro pueblo descalificara y agraviara la gestión gubernamental.

Fue enhorabuena que el presidente cerró las todas las publicaciones (radiales, televisivas, gráficas) que consideró contrarias al bienestar y la unidad nacional. Sin embargo, en una nueva demostración de la solidaridad que debía existir entre compatriotas, reubicó a los dueños de esas empresas en otros puestos de trabajo donde (además de tener un ingreso para sustentarse) serían mejor aprovechados por la sociedad.

Fue así como luego del pedido del Ingeniero González, tantas personas, tan duchas en el arte de la palabra se incorporaron al ministerio para cumplir la función de redactar los “Informes Diarios de Situación y Estadística para el Bienestar” que todas las mañana releían sus secretarios y utilizaba el Ingeniero para tomar decisiones.

¿Y viajar? ¿Para qué íbamos a molestarnos en salir de nuestro bellísimo territorio nacional? ¿Para qué? ¿Para ver como el consumismo destruía las culturas nacionales que tanto llevó construir? ¿Para qué? ¿Para ver cómo las modernas tecnologías rápidamente se pondrían en contra de nuestros concejales y ministros? ¿Para qué? ¿Para tener autos más rápidos, más cómodos, más lujosos? ¿Quién los necesita? ¿Para tener alimentos más variados? ¿Si todos los nutrientes que el “Comité de Alimentación” indica para la “Dieta Óptima” podemos conseguirlos puertas adentro?

Y a fin de cuentas: para qué sería necesario migrar de un país que todos disfrutamos, donde todos compartimos el objetivo común. Donde nuestro líder trabaja a diario, para que día a día alcancemos esta meta todos juntos.

Publicado en “Memorias de un periodista”, de Gregorio Dagnino Ruiz

jueves, 19 de agosto de 2010

Sacándole la navaja al mono


Mucho se podrá opinar sobre los Kirchner, tanto del gobierno de Néstor, como del gobierno de Cristina. Podremos decir que ambos gobiernos están envueltos en escándalos de corrupción sin precedentes; podremos decir que los niveles de inseguridad con los que vivimos han aumentado sideralmente desde que ellos tomaron el poder; podremos decir que (por más que desfiguren -porque eso ya no es maquillaje- los números del INDEC) han destruido el poder de compra de los argentinos.
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Lo que seguramente no podremos afirmar nunca es que fueron gobernantes que no trabajaron.
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Trabajando “por la gente”

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¿Y no será esto precisamente lo que ellos desean? Sacando a Néstor y Cristina del medio para no defenestrarlos más de lo que la historia sola terminará por hacer ¿no será esta imagen la que casi todos los políticos contemporáneos buscan dar a la sociedad?
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Si tomamos los estudios de
James Buchanan sobre la “Elección Pública” nos daremos cuenta de que los políticos, aunque cueste creerlo, no son más que… hombres. Aplicando conceptos de economía hacia el campo político, Buchanan establece que, así como el hombre se mueve por incentivos particulares, los políticos… también. En este caso los incentivos tienen que ver con la maximización del voto.
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Entonces el objetivo del gobernante, senador, diputado, funcionario, será –teniendo en cuenta las restricciones de tiempo que impone su mandato- obtener el mayor número de votos. He aquí la “eficiencia” aplicada a la política.
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¿Y qué hicieron los políticos contemporáneos[i] en las últimas décadas para ser eficientes? Se mostraron trabajando por la gente: Si había desempleo, empleo público y salario público. Si los salarios eran “bajos”, leyes de salarios mínimos. Si los precios eran altos, “acuerdos” o leyes de precios máximos y luego de “abastecimiento”.
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Como frutilla del postre, si no gustan los medios que hablan mal de la gestión, se prohíbe que una de sus marcas provea servicios de internet y se inventa una buena excusa para que la gente crea que lo hacen por su bien.
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A fin de cuentas, si estas medidas terminan por tener el exacto opuesto resultado al que se busca, el gobierno queda impune por el hecho de que “hizo lo mejor que pudo” y, en todo caso, se pensará que lo que faltó fue más profundidad en la intervención.
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He aquí la raíz del asunto. ¿Qué nos pasa a los que votamos que inclinamos nuestras preferencias hacia estas propuestas? ¿Por qué preferimos al que “trabaja para nosotros” interviniendo en cada asunto posible y no a aquél que deje que nosotros trabajemos por nosotros mismos? ¿Por qué gana votos el gobierno que hace y destruye en lugar del que, al no poder hacer, construye?
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Solos sí podemos
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De alguna manera, los habitantes del país nos creímos el cuento de que “solos no podemos” y que “algo hay que hacer”. Si los precios son altos, “alguien” debe bajarlos. Si el empleo escasea, “alguien” debe contratarnos. Si los servicios son malos “alguien” debe regularlos.
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Como no leímos a Buchanan, pensamos que ese “alguien” es el Estado cuyo interés particular es el “bien común”. Las valijas refutan esta premisa (perdón, los hechos refutan esta premisa).
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Además ¿Por qué creemos que ese “alguien” debe ser el gobierno si fue el ingeniero Santos Dumont el que volando 60 metros con su “14 Bis” dio inicio a la era de la aviación? ¿Por qué creemos en el gobierno si fue Henry Ford y no el secretario de comercio de Theodore Roosevelt el que descubrió que era negocio fabricar autos accesibles? ¿Por qué pensamos que la solución es la salud pública si fueron Fleming y Sabin los que descubrieron la penicilina y la vacuna contra la poliomielitis sin ayuda estatal de ningún tipo? ¿Por qué pensamos que deben regularse los mercados si fue la empresa Motorola y no Ronald Reagan la que inventó el celular que se comercializaba a 4000 dólares y hoy por hoy, sin regulaciones podemos conseguir celulares por 40?
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Como el economista Steven Horwitz comenta acerca del libro “El Optimista Racional” de Matt Ridley:
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“… no es sólo que hemos tenido innovaciones tecnológicas sorprendentes, sino que esas innovaciones se han hecho accesibles a una creciente proporción de la humanidad. Es una cosa cuando los más ricos tienen oportunidades crecientes pero es un tanto distinto cuando tecnología como los teléfonos celulares se hace accesibles a personas en las partes más pobres de África. Y es todavía más notable cuando la riqueza creciente aumenta la alfabetización y la expectativa de vida, como lo ha hecho. Las innovaciones importan más cuando se hacen largamente accesibles y eso requiere no sólo nuevas creaciones sino instituciones de mercado para hacerlas más baratas”
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Trabajando por la gente
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Las sociedades civilizadas no llegaron a gozar del confort de que gozan hoy gracias a los esfuerzos de los gobiernos. El bienestar material que tenemos no ha sido provisto por los secretarios ni por los comités reguladores, sino por el fenómeno de la interacción social facilitada por el comercio.
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Si se entiende esta situación, el trabajo de los legisladores del futuro no será legislar sino todo lo contrario. Su trabajo será investigar en qué zonas y con qué leyes el gobierno está interfiriendo con el desarrollo del comercio en el país para “correrse del medio”.
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En Argentina se sancionaron cerca de 26.000 (veintiséis mil) leyes desde 1853. Consecuentemente, tampoco de estos futuros gobernantes podremos decir que no son trabajadores.
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La única diferencia es que este trabajo, al sacarle la navaja al mono, sí será para beneficio de todos.
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[i] Por contemporáneos me refiero a políticos de todo el mundo en mayor o menor medida desde los años ’20 en adelante.


lunes, 26 de julio de 2010

Memorias de Gregorio Dagnino Ruiz (II)

(este post es una continuación de la entrada anterior del mismo nombre)

Hoy tengo 76 años. Vivo en Scelenia hace cinco. Hace veinte años que “El Heraldo Moral” fue comprado por un grupo inversor sceleno y muchos nos fuimos por una cuestión de principios. Hace diez que todos hablan del “Milagro Sceleno”.

En la primera época, me cansé de escribir. Mis artículos eran lo más leído en todas partes. El país se caía a pedazos. Cerraban fábricas, crecía el desempleo, el dinero no alcanzaba y se esperaba un aumento de la criminalidad.

Fue lo primero que no sucedió. Y eso nos sorprendió a todos. Parecía que el gobierno había concentrado todas sus fuerzas en combatir la violencia y la delincuencia. Igual resultaba vergonzoso. El mismo gobierno causante del desempleo y la exclusión, castigaba por partida doble al quién no tenía otra opción que salir a robar.

Con el tiempo, la situación fue cambiando. A medida que bajaba la criminalidad, crecía la actividad empresarial (local y también extranjera). Al mismo ritmo fue facilitándose el acceso al trabajo.

Hoy, a 30 años del “Pacto” el país lidera rankings de PIB, PIB per cápita y competitividad al tiempo que es considerado uno de los países más seguros del globo. Los salarios son elevados y también lo es la brecha entre ricos y pobres. Sin embargo, no es menor mencionar que Scelenia cuenta con los primeros “cuatrillonarios” del mundo, con lo que a los de debajo de la pirámide no les va nada mal.
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En sus principales ciudades no se observan mendigos, ni personas pidiendo limosnas. La pobreza fue paulatinamente decreciendo hasta desaparecer del paisaje del país.
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El nivel de empleo es elevado y las revistas de “management” relatan con entusiasmo el extraño caso de los desempleados que rechazan ofertas laborales a la espera de la que realmente los conquiste.
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Los scelenos se olvidaron de las góndolas vacías. Todo lo contrario; a diario éstas ofrecen al público variedades de productos, a precios cada vez más bajos, provenientes de cualquier lugar del mundo.
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Las casas de asesoría financiera y manejo de capitales son un éxito y son la primera elección de los trabajadores para ahorrar y tener un futuro sin preocupaciones. Al día de hoy el 92% de las personas de la “tercera edad” puede costear su nivel de vida sin ayuda alguna.

Hasta hoy me pregunto si este devenir fue pura suerte.

¿Podía un gobierno lleno de horribles deseos lograr algo que no fuera un horrible país? ¿Podía un acuerdo que venerara el egoísmo y el individualismo a ultranza dar origen a una sociedad de cooperación, donde la interacción espontánea de sus empresas y sus individuos diera lugar a un progreso material y de calidad de vida sin precedentes?
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Scelenia era (bautizado por mí) el país de las malas intenciones. Sin embargo, había obtenido los logros sociales que siempre deseé para mi país y que nunca pude ver allí.
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De economía nunca entendí mucho. Por ello no me gasto en leer las explicaciones técnicas del “milagro”. Asumo que será una cuestión cultural.
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Ellos son muy respetuosos de la ley, de sus socios, de sus vecinos. Son muy trabajadores. Son educados -aunque las escuelas sean privadas-, son cultos... sí, seguramente ahí esté la clave. Seguramente ésa sea la razón principal.
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Sí, seguramente... ...
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Publicado en “Memorias de un periodista”, de Gregorio Dagnino Ruiz, Scelenia 2078

viernes, 2 de julio de 2010

Totalitarismo versión Argentina 20.10

(El presente artículo está inspirado en “La mentalidad nazi en Estados Unidos” de Jacob G. Hornberger -director de la fundación “The Future of Freedon Foundation”- publicado en los números de Agosto y Septiembre de 1994 de la publicación mensual “Freedom Daily”.)


Unas décadas atrás, el premio nobel de economía Friedrich Von Hayek publicaba en su libro “Camino de Servidumbre”[i] una tesis que conmocionaría al mundo: Que la dirección planificada de la economía llevaba indefectiblemente a la dirección centralizada de la vida misma del hombre dentro de la sociedad. Además, advertía a los países aliados que, a pesar de enfrentar militarmente a los regímenes totalitarios, no diferenciaban mucho sus políticas económicas de éstos.

Si bien la Argentina se hizo esperar para declararle la guerra al Eje, pocos pensarían hoy que el nazismo tiene algún asidero en el país. Sin embargo, Hayek tenía un punto.

Prestemos atención a los siguientes extractos de la postulación de principios del Partido Nacionalsocialista alemán de 1920:
  • "Nosotros peticionamos que el gobierno provea a los ciudadanos por sobre todas las cosas de igualdad de posibilidades en lo laboral y en los medios para ganarse la vida".

  • "Las actividades individuales no deben superponerse a los intereses de la comunidad, sino llevarse a cabo dentro de ella y para el bien de ella… "

  • "Exigimos ganancias compartidas en los grandes negocios"

  • "Exigimos ampliar la seguridad social de la tercera edad"

  • "… el gobierno debe proveer una gran extensión de todo nuestro sistema de educación pública..."

  • "Combatiremos el espíritu materialista dentro y fuera de nosotros, y estamos convencidos que la permanente recuperación de nuestra gente sólo procederá bajo la insignia ‘El Bien Común antes que el Bien Individual’."
De lo anterior se concluye que existe un “bien social” y que, en ciertas oportunidades, éste entra en conflicto con el “bien individual”. Es decir, mi búsqueda del beneficio podría ir en contra del beneficio de todos.

La misma idea es expresada por Marx cuando, en su obra “El Capital”, describe el proceso de la plusvalía, la acumulación y la explotación:

“El capitalista no se enriquece, como el labrador o el artesano independiente, en proporción a su trabajo particular y a su sobriedad personal, sino proporcionalmente al trabajo gratuito de otro que absorbe y a la privación de todos los placeres de la vida que inflige a sus obreros”[ii]

Nazis y comunistas, entonces, coinciden en que el bien individual está en contra del bien grupal y que, en las ocasiones en que se enfrenten, el gobierno debe hacer prevalecer al grupo y sacrificar al individuo. Sin embargo, si bien iguales en los principios, marxistas y nacionalsocialistas se diferencian en los métodos.

Como escribiera Leonard Peikoff en “The Ominous Parallels”:


"Contrarios al marxismo, los nazis no postulan el poder estatal de los medios de producción. Ellos exigen que el gobierno supervise y controle la economía nacional. El tema de la propiedad legal es secundario, dice el nazismo; el punto del control es aquí fundamental. Los individuos, por lo tanto, continúan siendo propietarios, siempre y cuando el Estado se reserve el absoluto derecho de regular la propiedad".

En función de esto, no podríamos sugerir que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sea marxista. Sin embargo, no podemos decir lo mismo acerca de su fuerte raigambre totalitaria.

Si bien esto no sólo es patrimonio de ella y su marido (ya que, en coincidencia con la descripción de Peikoff la propiedad en Argentina ha estado controlada y regulada desde las primeras décadas del siglo XX) podría afirmarse que Cristina Kirchner habría aplaudido la proclama de 1920 de haber tenido la oportunidad. De hecho ¿no ha obrado bajo principios similares?:

“Este Estado ha construido desde 2003 un proyecto de país absolutamente diferente, poniendo al mercado controles y regulaciones… este es un Estado que ha ayudado mucho al mercado y que no hizo lo que hicieron con él. Al contrario, el año pasado, cuando el mundo se caía, estuvo presente el Estado en todos los frentes (…) Fuimos después de China, según la ONU, el país que más esfuerzo fiscal puso para hacer frente a la crisis…”[iii]


La moderna demagogia ya no pone al Mercado en el banquillo de los acusados, sino que lo lleva al diván. Es decir, el mercado no es malo por sí sólo pero como, en el fondo, está guiado por aquellos sentimientos oscuros del hombre como la “codicia” y el “interés personal”, como un paciente psicótico, debe ser “ayudado”.

A esta altura, no nos sorprende que CFK tenga este razonamiento. Sin embargo, sí sería lamentable que (más allá que no nos guste este gobierno o lo critiquemos) compartiéramos sus principios ideológicos básicos.


La crisis es filosófica. El interés “social” no existe sino como una suma de nuestros bienes individuales y cada individuo está capacitado para descubrir cuál es su “bien” siempre y cuando respete la vida y la propiedad de otros. Cualquiera que diga lo contrario miente y, voluntariamente o no, está plantando la semilla de los regímenes más trágicos de la historia del hombre.