lunes, 22 de octubre de 2012
La fundación bicicletera Banco Ciudad
viernes, 20 de julio de 2012
El más bueno de todos
sábado, 8 de octubre de 2011
Gracias, pero no es MI patrimonio

Hay notas que suelen pasar bastante desapercibidas en los medios. Y se entiende. El desabastecimiento de nafta, la inflación, Cristina lamentando su viudez y los abominables crímenes que azotan a nuestra población acaparan toda la atención.
Sin embargo, hay un tema que me desvela. En la edición online del diario La Nación de hoy hay una nota de Ángeles Castro referida al “casco histórico” de nuestra querida ciudad.
¿De qué se trata? De ahora en más, si la ley te incluye en la nueva delimitación, no podrás modificar la fachada del edificio, nadie puede construir algo de más de 32 metros, y no se pueden agregar nuevas marquesinas publicitarias. ¿Y todo esto por qué? ¡Pues claro! Para proteger el patrimonio histórico de la ciudad.
Más allá de la novedad, lo que me llama la atención es la cantidad de simpatías, loas y felicitaciones que esta nota ha suscitado en el grupo de variadísimos comentaristas del diario. Las alabanzas van desde cosas como “Muy auspicioso que haya salido esta ley. Todo lo que vaya en dirección de proteger el patrimonio, vale” hasta reflexiones más trascendentales como “¡Qué buena noticia! Una ciudad que respeta su patrimonio construido, reafirma su identidad” y aún gente que exige profundizar el modelo proponiendo “…hacer algo parecido con ciertos edificios en los barrios…”. En fin, la diversidad en los comentarios sólo va de muy bueno a superfantástico.
Ahora bien, empecemos por definir qué es el patrimonio histórico. ¿A qué se refiere la legislatura porteña cuando habla del APH? ¿Es aquello que ellos, muy expertos todos en construcciones, deciden que debe preservarse y qué puede transformarse en shopping? ¿Y por qué ellos? ¿Quién es el señor Di Stéfano para arrogarse la voluntad de todos y decidir sobre este tema? ¿Quiénes son ellos para decirle a un industrial o emprendedor que su edificio debe tener sólo 32 metros? ¿Dónde está escrito que la función del gobierno es velar por la armonía arquitectónica del territorio?
Por otro lado ¿Qué significan los 192 edificios protegidos que no pueden demolerse y que debe mantenerse la fachada? ¿Quiere decir que, por ley, obligaremos a las personas que legítimamente compraron estos departamentos a incurrir en gastos extra para mantenerlos cuando quizá no tenían pensado hacerlo? ¿Cómo lo pagarán?
¿O será que de ahora en más utilizarán nuestro dinero para que esos propietarios no sólo tengan la fachada bien mantenida sino que (puesto que tienen el mantenimiento subsidiado) el precio de su inmueble se vaya a las nubes? Porque no querría pensar que lo que hay detrás es una nueva empresa que (¡oh, casualidad!) se dedica a mantener edificios antiguos y cuyo único cliente pasa a ser el gobierno porteño.
Y por último ¿por qué tanta gente aplaude la medida? Las razones no las conozco, pero el hecho es que parecen ser muchas.
Entonces, si tanta gente apoya estas ideas, no sería mejor crear la fundación “Preservamos los Edificios que nos Parece que Tienen un Valor Especial”. ¿Cuál es la necesidad de sumarme a mí a la causa cuando no me interesa en lo más mínimo si la calle Florida cambia su fisonomía? ¿No se trata de una imposición arbitraria?
Si queremos tener un gobierno democrático, su esencia debe pasar por el respeto de la voluntad de las minorías. Y ni el patrimonio histórico, ni el crecimiento con equidad, ni la preservación de la cultura pueden aceptarse como excusa para que ese principio se viole.
Es una lástima que el PRO, que desea presentarse como alternativa al fascismo gobernante, incurra sistemáticamente en los mismos errores.
jueves, 14 de julio de 2011
Fito Páez versus ¿el egoísmo?

Revolviendo entre la montaña de agravios y asco que el exitoso cantante rosarino le dedicó a la mitad de los porteños luego del triunfo de Mauricio Macri en las elecciones, podemos encontrar una idea que vale la pena debatir.
A su manera, y con frases como “A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa…” o “Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing.” Fito Páez expresó lo que muchos consideran cierto y se lo achacó al, digamos, modelo macrista: el egoísmo es malo, y los egoístas de Buenos Aires votaron a Macri.
Ahora bien, lo que estaba en frente ¿era puro altruismo? ¿Cree de buena fe Fito que los que van a votar a Cristina en Octubre están votando con el corazón y no con el bolsillo?
En mayo, Marcelo Tinelli reflexionaba sobre la situación económica de la actualidad:
“Yo viví hace diez años una de las situaciones más terribles de la Argentina. Hoy, gracias a Dios, puedo gozar de tener una empresa en paz, pagar los sueldos, que no es poca cosa, y poder invertir. Estoy feliz de vivir en la Argentina”[i]
¿Y no es ésta la idea que explica perfectamente el motivo de la muy posible reelección de Cristina Fernández en Octubre? ¿Y cuando esto suceda, se asqueará Páez o pensará que ganaron los derechos humanos?
Volviendo al tema del egoísmo, Fito Páez afirma que a los porteños les gusta tener el bolsillo lleno sin importar a costa de qué:
¿Ignorará el cantante que la inflación generada por el Frente Para la Victoria es una manera de enriquecer a unos (por ejemplo la AFIP) a costa de todos los demás? ¿Ignorará Páez que los subsidios a las artes son a costa de los impuestos que paga el pobre que compra un paquete de polenta para que coma su familia? ¿Se olvidó Rodolfito que ahora él puede ver fútbol gracias a que la gente que poco disfruta del “deporte nacional” está obligada por ley a financiarlo? ¿Se olvida que los shows donde él entretiene al público oficialista son pagados con el trabajo de quienes no disfrutan de su música y que eso implica tener el bolsillo lleno a costa de otro?
A la luz de estas cuestiones no puedo más que pensar que el enojo de Fito no está dirigido a los egoístas (que son aquellos que tienen autoestima[ii], aquellos que se preocupan por su interés propio), sino a todos aquéllos que encuentran su bienestar a costa del de los otros, que no es lo mismo.
Y he aquí la paradoja: El sistema que más promueve esta forma de vida que Fito aborrece, es el del gobierno que él mismo dice querer reelegir.
[i] Marcelo Tinelli en http://www.lanacion.com.ar/1375220-tinelli-entro-en-orbita-k
[ii] Alejandro Rozitchner en http://www.youtube.com/watch?v=j1hejyqh2W4
(*) La imagen disponible en: http://unapuntealdia.blogspot.com/2009/03/feliz-cumpleanos-fito.html
jueves, 9 de junio de 2011
Macristina
Hace poco más de un año, cuando inauguré mi blog con el artículo “La Boheme Vs. Kapanga” planteé la idea de que los progresistas (que festejaban el bicentenario con rock nacional) por un lado, y los conservadores (que conmemoraron el bicentenario con música clásica y la reapertura del Colón) por el otro, se diferenciaban sólo en la superficie pero compartían sus premisas filosóficas básicas. A un año de esa situación, ni la superficie los diferencia.
En el pasado, cuando Macri eligió reabrir el Colón para festejar los dos siglos de la Revolución de Mayo, no dudó en gastar millones de pesos cobrados a la ciudadanía porteña, para refaccionar un teatro que -si bien tiene características aparentemente únicas en el mundo- sólo disfrutan unos pocos.
En contraste, la Presidenta Cristina Fernández se inclinó por financiar actividades más populares como espectáculos de rock que acapararon la atención del público.
Sin lugar a dudas (y más allá que la reapertura del Colón también tuvo su público) los espectáculos de la 9 de Julio fueron mucho más masivos. No obstante, la diferencia entre los dos actos fue sólo superficial ya que, en ambos casos, los dirigentes no dudaron en utilizar dineros públicos, que son de todos, para financiar y proveer la música, el arte y los espectáculos que disfrutan sólo algunos.
Un año después, ni siquiera queda la hipocresía de la diferencia superficial.
Este sábado 11 de Junio, “Los Pericos” (una banda que lleva vendidos más de 2,5 millones de discos) darán un recital con entrada libre y gratuita en el marco de la inauguración del “Distrito Tecnológico” de Parque Patricios.
Así es, como si Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg hubieran sido productos de la exención impositiva y la planificación municipal, el Gobierno de la Ciudad decidió delimitar un área propicia para que se instalen las empresas “tecnológicas” y, para darse un poco de autobombo, regalarán a los presentes un espectáculo del grupo “Los Pericos”.
Ergo, la pregunta obligada es: ¿Por qué Los Pericos? ¿Por qué no Los Cafres, Nonpalidece, u Otro Mambo? ¿Qué han hecho Los Pericos para que los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires los premiemos con los 10.000, 20.000 o 100.000 pesos que cobrarán por su Show? ¿Quiénes son Macri o el Ministro de Cultura Hernán Lombardi para decidir que son ellos mejores que alguna alternativa similar? ¿O acaso se trata de todos pagándoles la fiestita particular a los funcionarios?
Cuando un productor musical elige una banda para financiarla y difundirla, generalmente trata de encontrar una que le guste a la gente. ¿A toda la gente? Sabiendo que eso es imposible, no busca que le guste a todos, pero sí a una cantidad suficiente de modo que pueda hacer un buen negocio. Como colateral, el buen negocio resulta en beneficio para él, para la banda y para todos aquellos que encuentren placer al escucharla.
Cuando el gobierno es el que decide el show del día, el proceso es distinto. En lugar haber un productor que apuesta por un grupo que tiene potencial, lo que hay es un funcionario eligiendo la banda que tiene más potencial electoral –es decir, una banda consagrada que no tiene ninguna necesidad de seguir creciendo. Nada que ver con el aclamado “fomento a la cultura”.
Más aún, cuando el gobierno es el organizador de este tipo de eventos, se termina dando una situación que deberíamos reprobar entre todos:
José, el almacenero del barrio, que muere por la música de Cacho Castaña, paga todos los meses el impuesto a los Ingresos Brutos. Si no tuviera que pagarlo, tendría más dinero disponible que podría destinar ala compra de un nuevo disco de Cacho, comprar un nuevo equipo de música para escuchar mejor los discos viejos, o bien, comprarse una computadora para bajarse de internet la discografía completa en formato mp3.
Sin embargo, el capricho del gobierno, disfrazado de “Agenda Cultural”, se mete en el bolsillo de José (y le impide escuchar a Cacho Castaña) para que un tercero, que José no conoce y a quien no le debe nada, disfrute de un espectáculo que nunca se ganó en base a su mérito, sino que accede a él porque Mauricio aprendió de Cristina que las bandas taquilleras te suben en las encuestas.
jueves, 23 de diciembre de 2010
No fue Duhalde, fue Rousseau
Probablemente por el enorme poder que acumuló durante su gobernación en la Provincia de Buenos Aires, cada vez que ocurren hechos como los del sur de la Ciudad, muchos se miran y piensan: “Duhalde debe andar detrás de esto”.
Dado que estos reclamos muestran la situación de precariedad y pobreza en que vive gran parte de nuestra población, siempre son funcionales a aquéllos que quieren ver la popularidad del actual gobierno debilitada. Ergo, las pistas llevan hacia pocos nombres.
Sin embargo, viajando por el “Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres”[i] de Jean Jaques Rousseau, al "cabezón" están por dictarle la falta de mérito.
Desde el punto de vista de los ocupantes –tanto del Parque Indoamericano, como del Club Albariño o los otros predios ocupados- las tomas son hechos ilegales pero consecuencia de situaciones injustas que hay que resolver y que representan una falta aún más grave que la toma misma.
Y no fue Duhalde sino Rousseau el que distinguió la desigualdad moral de la desigualdad natural (que es la que hace que vos seas rubia y yo morocho):
“… otra, que puede llamarse desigualdad moral (…) Esta consiste en los diferentes privilegios de que algunos disfrutan en perjuicio de otros, como el ser más ricos, más respetados, más poderosos, y hasta el hacerse obedecer.”

La consecuencia de esta lectura es que vos sos más rico, porque yo soy más pobre. Y si mañana Gonzalo Heredia tiene más seguidores en Twitter que “lacrisisesfilosofica” es probablemente porque se los sacó a este blog.
Entonces, cuando no tener acceso a la vivienda -mientras que otros tienen mansiones- es visto como un robo o una situación de beneficio de unos a costa de otros, el Estado que tiene que dar justicia frena y deja pasar ya que, piensa, tiene que reparar la primer situación “injusta”.
Y así es como caemos en las “políticas de vivienda”, los subsidios, y los planes de todo tipo, tamaño y color, que castigan el esfuerzo de unos en nombre de la necesidad de otros, con el objetivo de lograr la tan deseada "igualdad moral" roussoniana.
Como corolario, los principales sospechosos de coordinar las ocupaciones, como el ex-presidente, Pitu Salvatierra o Regino Acevedo, probablemente serían condenados (en un juicio que jamás existirá) como meros autores materiales.
Sin embargo, de seguirse la investigación, el autor intelectual de esta confusión de principios que termina en “usurpo porque vos me usurpaste antes” sería sin dudas el pensador francés J.J. Rousseau.
[i] “Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres”, Jean Jaques Rousseau, Página 22: http://www.policialapaz.com.ar/biblioteca/Juan%20J.%20Rousseau%20-%20Discurso%20sobre%20la%20desigualdad.pdf
jueves, 14 de octubre de 2010
Estilo K (ant)
El comentario fue apenas deslizado, como si no tuviera mucha importancia (de hecho más trascendencia política tenía el veto al 82% móvil que acababa de anunciar). Sin embargo, creo que es algo que no debe obviarse.
¿Por qué la presidente, que es política, se dedica, aunque sea un segundo, a remarcar que no especula con los costos políticos de sus decisiones? ¿Alguno imaginaría a José Meolans o a Juan Martín del Potro comunicando su poco interés por el costo deportivo de sus acciones? ¿Qué habría pasado si Julio Bocca no hubiera sopesado bien los costos artísticos en su carrera? ¿Te imaginás qué pasaría si vos no tuvieras en cuenta el costo, cada vez que vas al supermercado? ¡Ojalá pudiéramos!
Pero el problema no es la K de Kirchner, el problema es la K de Kant:
“... tanto mayores serán la grandeza y la dignidad interior de un mandato cuanto menores sean las causas subjetivas favorables y mayores las contrarias, sin debilitar por ello en lo más mínimo la construcción de la ley ni disminuir un ápice su validez.”[i]
Para Kant, las leyes que gobiernan nuestras acciones personales en absoluto deben estar afectadas por nuestras preferencias. Jamás pensarás ni en el beneficio ni -dios nos libre- en el costo de tus acciones para actuar. Siempre te referirás a una ley moral superior… el imperativo categórico, digamos.
En el mundo kantiano, por consiguiente, el egoísmo es malo y nuestras acciones necesariamente deben estar libres de la influencia de nuestros “salvajes deseos”. Ergo, las empresas operan para dar trabajo, los artistas trabajan para alegrar a su público, los deportistas compiten por su bandera y los obreros mezclan cemento porque aman los edificios.
Este mundo idealizado y utópico que pinta Kant nos ha dejado dos huellas imborrables. La primera es una culpa insostenible. Nadie puede ser rico en el país, si tenés un Mercedes-Benz, sos un inmoral, un cagador o, para peor, un hábil financista, un tipo inteligente, un buen hombre de negocios.

Cristina Kirchner sintetizó esa causa en su brindis del bicentenario:
Patria, pueblo, lealtad, ¿cuántos crímenes se seguirán cometiendo en tu nombre?
[i] Immanuel Kant. “La Metafísica de las Costumbres”. Ediciones Libertador. (Texto completo)
jueves, 7 de octubre de 2010
Tchaikovsy, Lady Gaga o el Autoritarismo
Por lo general (acaso sea por la influencia del “monopolio”) los argentinos solemos mirar con el ceño fruncido medidas que tiendan a regular la prensa (ley de medios), medidas que atenten contra el derecho de industria lícita (caso Fibertel) y hasta solemos dudar de la efectividad y la legitimidad de la mayoría de los subsidios.
Sin embargo, existe un área protegida por el manto sagrado de lo políticamente correcto, una actividad cuya sola mención no admite prueba en contrario y una esfera a la que nadie debería osar quitarle su merecida prioridad: La Promoción de la Cultura.
Seguramente la idea hegeliana de que el arte puede “mitigar el salvajismo de los meros deseos” al “encadenar y educar los impulsos y pasiones”[i] tenga su cuota de responsabilidad en la creencia de lo beneficioso y necesario que es que el gobierno promueva el desarrollo de la cultura y las actividades artísticas.
Además, es mucho más cool y más refinado que decir “el salvajismo lo vamos a combatir con la policía”.

En este marco fue que el Ministerio de Cultura de la Ciudad –a cargo de Hernán Lombardi- organizó, el pasado sábado, el concierto de Zubin Mehta en la 9 de Julio para unas 30.000 personas. Por supuesto que el costo de este megaevento “gratuito” fue pagado por todos nuestros impuestos –los de los porteños-.
Que el gobierno organice un evento como éste puede equipararse a que, un día, Mauricio Macri, nos saque plata de nuestra billetera y se la dé a Lombardi para que éste nos elija en Musimundo el CD que debemos escuchar. Esta es la manera de difundir la buena cultura que ningún vecino de Buenos Aires debería ignorar.
Ahora la pregunta es ¿Qué saben Lombardi y Macri más que cada individuo por sí mismo de la buena cultura? ¿Cómo harán para elegir lo que verdaderamente es mejor? Veamos qué decía un economista austríaco que visitó la Argentina en 1958:
“…en error aún mayor inciden tales artistas cuando dicen que ‘tiene el gobierno que apoyar a los buenos poetas, pintores, y escritores’ ¿A quién debería el correspondiente ministro comisionar para decidir si un nuevo y original pintor es bueno o es malo? Habría de acudir a los críticos, los profesores de historia del arte, gentes que normalmente no saben sino mirar hacia el pasado, y pocas veces han descubierto genio desconocido alguno”[ii]
Por ahí aquí yace el misterio de porqué Lombardi se dedicó a la política y no está descubriendo a las futuras Lady Gagas y los futuros Justin Timberlakes del mundo. En síntesis, nada parecería indicar que el ministro que sea, pueda saber realmente qué es una oferta cultural que valga la pena y qué no.
Sin embargo, lo hacen y muchos son los que aplauden.
Ahora: si aceptamos que el gobierno sea el encargado de ofrecernos cultura de la buena ¿Cuánto tiempo pasará hasta que decida ofrecernos información de la buena? ¿Libros de los buenos? ¿Costumbres de las buenas?
¿Y cuánto más hasta que decida prevenirnos de la mala cultura, la mala información, las malas costumbres, y del subsidio y el fomento pasemos a la censura y el apriete?
No se me ocurre aquí plantear que la gestión Macri es similar a la de Kirchner. Sin embargo, sí querría advertir que una vez que permitimos que el gobierno decida sobre cosas sobre las que cada uno de nosotros está en mejor posición de decidir por sí mismo, estamos plantando la semilla de un potencial régimen autoritario y tiránico.
Una vez plantada, al gobierno podrán llegar los Kirchner, o podrá llegar José Pérez. Pero si no pensamos que hay cosas sobre las que lo mejor es dejar que cada uno decida, lo único que nos protegerá de que éste no sea como los anteriores, será la suerte.
[i] John Carey. “¿Para qué Sirven las Artes? http://www.solesdigital.com.ar/libros/artes.htm
[ii] Ludwig Von Mises. “Seis Lecciones Sobre el Capitalismo”
martes, 5 de octubre de 2010
La Salud al Poder

Iván: Ahora ¿a ustedes les parece vivir en una ciudad donde entrás en un restaurant y no podés fumar?
Martín: ¡Sí, sí y sí, a mí eso me parece perfecto!
Gabriel: ¿Qué decís? ¡Por favor! ¡Qué placer venir, comer una buena pizza, una cerveza y después fumarse un cigarrillo!
Lucho: Sí, yo creo que debería haber lugares y lugares. Que quede a criterio del dueño, algunos donde se pueda fumar, otros donde no se pueda, y otros que dividan los salones…
Iván: Claro, algunos para los normales y otros lugares para las “Susanas” de este mundo… o para los “Martines” también, por lo que veo...
Martín: Claro entonces todos los “dueños” elegirían tener lugares de fumadores y el resto que se joda.
Lucho: No necesariamente, seguramente habría lugares donde no se controlaría quién fuma y quién no fuma y otros donde sería negocio mantener un ambiente “libre de humo” con un control estricto.
Iván: Y el gobierno no tendría por qué meterse.
Martín: Pero está bien que se meta, para eso está el gobierno, para protegerte. Que no te moleste el resto.
Lucho: Pero así lo que se impone es la voluntad de una minoría… la que no fuma, sobre la que fuma o la que no le molesta el humo.
Martín: Bueno puede que no te moleste, pero sí es nocivo para tu salud.
Gabriel: Sí bueno pero cada uno es dueño de cuidarse la salud como quiera.
Iván: Si cuidás tu salud, irás a un restaurant que diga “Exclusivo para no fumadores” y si no te molesta exponerte al riesgo, optarás por un lugar de fumadores. Eso es la verdadera tolerancia.
Martín: Si bueno pero es la ley, y si la ley lo dice, hay que cumplirlo.
Gabriel: Obviamente, es la ley, ni loco me voy a prender un cigarrillo acá, la voy a respetar. Si es ley hay que bancársela.
Iván: Sí, es la ley, pero el tema es que la ley está mal, porque es como que te obliguen a pintar las paredes de tu casa de verde cuando vos las querés tener blancas.
Gabriel: Bueno con ese criterio como es tu casa también podrías matar personas. Es una “zona liberada”, tus propias reglas, etc.
Iván: Bueno como lo expresé di lugar a eso. Quiero decir que es una ley injusta.
Martín: Bueno si la ley es injusta, entonces la que te queda es irte a un país donde las leyes sean “justas” para vos…
Gabriel: Ah ¡qué linda solución! o te gusta o “andáte a otro lado”. Tampoco es para tanto…
martes, 25 de mayo de 2010
La Boheme Vs. Kapanga
La Boheme Vs. Kapanga
(O cómo conservadores y progresistas comparten sus premisas básicas)

No es casualidad que la reciente reapertura del teatro Colón se haya llevado a cabo en la víspera del cumpleaños número 200 de la Revolución de Mayo. En medio de tantos festejos y tanta exaltación de “lo nacional”, “lo patrio” y “lo nuestro”, el gobierno municipal no quiso quedarse atrás de la celebración propuesta por Cristina Fernández y festejó el aniversario de la Patria con ópera y música clásica.
A pocas cuadras, la Presidenta (a quien se le atribuirá sólo con fines didácticos, la dirección y organización de los festejos bicentenarios) eligió para celebrarle al país su cumpleaños, un evento multicultural que involucraría conciertos musicales, desfiles militares y un paseo de comidas típicas entre otras cosas “bien argentinas”.

Ahora centrémonos por un instante en la elección musical. Como contrapartida de la distinción, la elegancia y el refinamiento buscado en el espectáculo que dio comienzo a esta nueva etapa del Teatro Colón, en el Obelisco “lo nacional” fue encarnado por grupos de rock como Virus, Kapanga, Las Pelotas, que han marcado a fuego la historia de la música popular argentina.
Ambos espectáculos pueden tomarse como símbolos de una disputa de modelos. Mauricio y Cristina salen a la búsqueda de la aprobación electoral con propuestas que –en la superficie- parecen diametralmente opuestas. Lo popular contra lo aristocrático. Lo transgresor contra lo tradicional. El progresismo contra el conservadurismo. Eso sí: todo en nombre del país y de preservar hitos de la cultura nacional.
Para celebrar el bicentenario, la administración Fernández de Kirchner difiere de la administración Macri en qué tipo de espectáculo brindará al público presente. Sin embargo, ninguno duda al usar el dinero de los contribuyentes en algo que a éstos no les interesa en lo más mínimo.
Ambos eventos implican la misma premisa básica. Usar el dinero de todos para beneficiar a un grupo específico en nombre de una causa superior (llámese preservar la tradición centenaria de la ópera y las artes clásicas, o llámese exaltar el “ser argentino” y homenajear a la cultura popular).
Pocas dudas quedan que es un grupo selecto el que asiste a las galas de “uno de los teatros más importantes del mundo”; pero lo mismo ocurre con el Rock. Así fueran 20 millones los seguidores, sigue tratándose de un grupo específico dentro de la sociedad que se beneficia del espectáculo gracias al esfuerzo que han hecho otros.
Finalmente: Es una cuestión de principios. ¿Es justo que el gobierno en nombre de una “causa nacional” que pareciera estar legitimada por la mayoría beneficie a un grupo determinado en detrimento de otro? Hasta ahora tanto el Jefe de Gobierno porteño como la Presidenta de la Nación dan una respuesta afirmativa a esta pregunta.


