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viernes, 26 de agosto de 2011

Democracia Bajo Fuego: El Valor de la Crítica

Tiempo atrás nos referimos al problema que traía aparejado perseguir judicialmente a alguien por expresar sus ideas, pensamientos o sensaciones, por más abominables que éstos nos parezcan.

Poco después, Fito Páez vomitó insultos contra “la mitad de Buenos Aires” y levantó una polémica enorme por haber tratado mal a los votantes. ¿Cómo se permite semejante osadía? Sobre el asunto se escribieron artículos enteros descalificando sus dichos y criticando su actitud antidemocrática, por sobre todas las cosas. Aquí, en cambio, discutimos sus ideas.

Ahora bien, luego de las primarias, como ganaron los que no le gustan a la Sociedad Rural Argentina (pero sí a los artistas), quienes se llevaron el premio al exabrupto fueron sus representantes.

Hugo Biolcati sugirió que a los argentinos lo único que les interesa es tener un LCD y mirar a Marcelo Tinelli mientras que el país va camino al iceberg. Otro nuevo ataque de flanco hacia el supuesto egoísmo de los votantes, y hacia el elemento esencial de la democracia, “el pueblo”, los que votamos (que es distinto a “Los que Vivimos”).

Probablemente, como ya le pasó a Fito, Biolcati también reciba su correspondiente citación judicial. Pero, por las dudas, ya tiene una colección de críticas para entretenerse. El típico “gorila”, de parte de Aníbal Fernández, “lo peor de la Argentina” y “se le salió la chaveta” fueron algunas de las reacciones.

Así las cosas, lo que en la Argentina parece imperar es una serie de temas sobre los que nadie debe opinar distinto, o bien si lo hace, disimularlo lo más posible si no quiere ser investigado por la justicia, por el INADI, o demonizado por Clarín o “6, 7, 8” (según corresponda).

El problema con esta actitud es que impide llegar a mundos mejores. Si las expresiones de Páez o de Biolcati son atacadas con violencia y denostadas de manera que la próxima vez piensen dos veces antes de opinar sobre la “voluntad popular”, nos quedaremos sin voces críticas. Y las voces críticas son esenciales al mundo por dos cosas:

En primer lugar, si las críticas son erróneas, el hecho de que hayan salido a la luz, nos da la posibilidad de contrarrestarlas, de oponer nuestra teoría y reforzar nuevamente su valor.

Por el contrario, si las críticas son acertadas (y creo que nadie pensó en esta posibilidad), entonces estamos ante la posibilidad única de dar un nuevo debate, y de encontrar sistemas que satisfagan mejor las necesidades de todos.

En el año 1600 Galileo Galilei salvó su vida al confesar bajo presión que su teoría sobre el movimiento planetario era falsa. Sin embargo, la Tierra gira alrededor del Sol.

Probablemente no sean Biolcati ni Fito Páez los Galileos de nuestra era.

Pero que no queden dudas que la actitud de persecución y vilipendio de cualquiera que critique ciertos asuntos de nuestra vida pública es la garantía más grande de que si hay un Galileo dando vueltas, nunca lo vamos a conocer.

viernes, 8 de julio de 2011

Defender lo Defendible

Escribir estas líneas para defender a uno de los personajes más abominables de la escena política actual sería intentar defender lo indefendible. En ese sentido, mi interés es que la figura de Luis D’elía siga gozando del mismo rechazo público que goza hasta ahora y que si debiera modificarse un ápice, sea en menos y no en más.

Sin embargo, sí creo que hay algo que vale la pena repensar respecto de sus dichos y la posterior citación judicial que el líder piquetero devenido en fuerza de choque oficialista protagonizó esta semana.

D’elía es antisemita. Sus dichos, si bien fueron bastante light para lo que nos tiene acostumbrados, son absolutamente reprochables. No por los dichos en sí sino por lo que encarnan:

“El racismo es la forma más baja, más burda y más primitiva de colectivismo.
Es la noción de atribuirle significado moral, social o político al linaje genético de un hombre – la noción de que los rasgos intelectuales y de carácter de un hombre son producidos y transmitidos por la química interna de su cuerpo. Lo que significa, en la práctica, que un hombre debe ser juzgado, no por su propio carácter y acciones, sino por los caracteres y acciones de un colectivo de antepasados."

Teniendo en cuenta que Luis D’elía juzgó a Kravetz y a Tellerman por su pertenencia a un colectivo (religioso en este caso) más allá de su individualidad y los hechos de su vida que son lo que verdaderamente cuentan, podemos decir que lo de D’elía fue racismo puro (como lo describe Ayn Rand en “La Virtud del Egoísmo”) y, como tal, es execrable.

Ahora bien ¿es necesario que la policía cuente con una división Antidiscriminación para perseguir a los infelices que anden por la vida vomitando estas expresiones? ¿No es evidente que la única perjudicada con estas aseveraciones es la ya patética imagen de D’elía en la sociedad? ¿Y qué pasa con los que piensan lo mismo pero no tienen una radio o una cámara en frente para hacer su pensamiento público? ¿Cómo vamos a combatir la discriminación que nos rodea a diario? ¿No está D’elía en su derecho a expresarse de la manera que quiera siempre y cuando no perjudique la vida de otros?

Se puede argumentar que los dichos del piquetero pueden afectar la sensibilidad de algunos. ¿Ahora bien, quién puede sentirse tocado por lo que diga este personaje? ¿Y si de hecho lo hicieran, afecta una frase el curso natural de su vida?

Parte de vivir en un país con libertad como reza nuestro preámbulo es tener la posibilidad de decir lo que nos parezca. Si perseguimos judicialmente a D’elía por decir lo que a él le parece, evitamos el funcionamiento de un mecanismo mucho más poderoso para refutar las ideas que es el del intercambio, el del debate y, en última instancia, el de la ignorancia total.

Para personajes tan marginales, el último parece ser el camino indicado. Pero la persecución judicial no sólo no se corresponde con la idea de un país libre, sino que le da entidad a dichos que deberían ser tomados como de quien vienen y, en consecuencia, ser ignorados en el mismo momento en que son terminados de decir.

jueves, 28 de abril de 2011

Vargas Llosa, censura y libertad de expresión

Vargas Llosa en Buenos Aires

A diferencia de la opinión predominante y políticamente correcta que se escucha a diario, no admiro al Nobel de Literatura por su obra literaria. No es que yo la repruebe, sino que no tengo el conocimiento suficiente sobre la misma como para emitir una opinión válida en su favor o en su contra.

Sin embargo, sí me gustan las opiniones e ideas que periódicamente publica en diversos medios, y no por un compromiso previo con ellas sino porque las encuentro llenas de coherencia, de lógica y de valores admirables como la tolerancia, la libertad y el respeto por los individuos y sus complejidades.

Ahora bien, dicho esto me gustaría tratar el tema del supuesto intento de censura que hubo en su contra en ocasión de su participación en la Feria del Libro.

Los acontecimientos de público conocimiento se dieron así: Vargas Llosa fue invitado por la Fundación El Libro a disertar en la edición número 37 de la Feria del Libro en Buenos Aires. A raíz de esto, Horacio González (nada menos que director de la Biblioteca Nacional) escribió una carta a la Fundación pidiendo que se reconsidere la “desafortunada invitación”. Ni lerdo ni perezoso, el popular escritor tildó de intento de censura esta maniobra y se sorprendió de que proviniera de quienes la habían sufrido en el pasado.

La censura y las censuras

En un artículo publicado en febrero de 2010 en la página de la ONG “Argentina Sin Mordaza”, quien escribe sostenía que la decisión de alguien de no publicar determinadas ideas no podía llamarse cesura. En el artículo citaba un párrafo de la filósofa Ayn Rand:

“Ningún acto privado es censura. Ningún individuo o agencia particular puede silenciar a un hombre o suprimir una publicación: sólo el gobierno puede hacerlo. La libertad de expresión de los individuos particulares incluye el derecho a no estar de acuerdo con sus antagonistas, no escucharlos y no financiarlos.”

Como acto privado, entonces, si la Fundación decidía no invitar al literato, no había censura. Sin embargo, Vargas Llosa piensa lo contrario. Y, curiosamente, lo mismo postulaba CFK cuando decía que TN había censurado parte de su discurso, y lo mismo postulan sus aduladores cuando exigen que Paka-Paka tenga su espacio en Cablevisión.

Sorprendido de que no sólo los colectivistas (como les diría Ayn Rand) sino también los liberales (como se autoproclama Vargas Llosa) creyeran lo mismo, decidí ir al diccionario para investigar sobre mi posición.

Para la Real Academia Española la censura es la “intervención que ejerce el censor[i] gubernativo”. A juzgar por la definición, sólo es censura si viene del gobierno.

Sin embargo, la RAE también llama censura al rol que ejercen el superyó y el yo sobre el ello en el inconsciente para evitar que vayas por la vida diciendo lo primero que se te pasa por la cabeza.

¿Y por qué si consideramos que hay mecanismos inconscientes que censuran cuando “editan” nuestro lenguaje, no podemos decir lo mismo del dueño de un medio de comunicación que elije publicar ciertas cosas y dejar otras de lado? Mirándolo desde esta perspectiva, si un periódico decide no publicar a un periodista, está censurando y el director de la Feria del Libro, al no invitar a Vargas Llosa, también.

Si bien en el fondo no estoy de acuerdo con este planteo, creo que puede hacerse la concesión.

¿Censura = No libertad de expresión?

Hechas estas aclaraciones, la pregunta que realmente importa es cuál de estas dos censuras es la que realmente tiene un efecto relevante para la libertad, el pluralismo y el derecho a la expresión. Veamos.

Cuando en el censor gubernativo prohíbe una obra, difundirla pasa a ser ilegal y de ser atrapados intentando hacerlo, terminaríamos presos. En este contexto la libertad de expresión no existe. Si el censor no aprueba, de eso no se habla.

Sin embargo, llegado el caso que la Fundación El Libro hubiera decidido retirarle la invitación al Premio Nobel, nadie habría perseguido al diario Perfil por publicar una entrevista. Asimismo, ninguno de los invitados a las charlas que brindó durante su estadía estarían en situación de ilegalidad y Vargas Llosa habría podido expresarse libremente en cualquier otro lado donde lo invitaran. Sólo en la Feria no habría podido disponer del micrófono.

En conclusión, aun admitiendo que la censura puede realizarla cualquier medio por más que sea privado, cuando esto sucede no se está lesionando la libertad de expresión. Cuando un privado no financia tus ideas, te queda la opción de seducir a otro para que lo haga (o ir a la plaza con un megáfono). Por el otro lado, cuando es el gobierno quien decide que tu pensamiento no es conveniente, las opciones son más drásticas. O te callás, o te tenés que ir del país.

No sería nada poco si a raíz de la visita de Vargas al país, la Argentina reflexionara sobre esto.


[i] En algunos regímenes políticos, funcionario encargado de revisar todo tipo de publicaciones o películas, mensajes publicitarios, etc., y de proponer, en su caso, que se modifiquen o prohíban. http://buscon.rae.es/draeI/


jueves, 13 de enero de 2011

El Juego de las Diferencias

Existe un juego que si hoy tratásemos de jugar, más de uno perdería. Este es el juego de las diferencias entre la Ley de Radiodifusión (22285) y la nueva ley de Medios de Comunicación Audiovisuales (26522).

El problema es que ambas disposiciones tienen en común tres pilares fundamentales. El primero es la declaración de la “comunicación audiovisual” o “radiodifusión” como un servicio de interés público. El segundo es que a través de ambas leyes podemos ver una exaltación de la “argentinidad” o lo nacional por sobre lo foráneo. Por último, ambas leyes tienen como objetivo la protección del espectador.

Interés Público

Por más que en el discurso intente oponerse visceralmente a las ideas de la dictadura de los `70, el gobierno de los Kirchner (impulsor de esta ley) comparte con ellos la idea de que los medios son de interés público.

El problema con esta pomposa declaración es que como ese interés es tan difícil de identificar –ya que somos 40 millones con distintos pareceres y deseos- probablemente lo que termine imponiéndose sea el interés propio del gobierno que dice (por ganar las elecciones) ser el representante de todos.

Finalmente, la consecuencia puede variar desde tener programas de “promoción cultural” con gauchos cocinando asados en algún canal perdido, o bien a tener la versión argentina de “Aló Presidente” con CFK como animadora y Aníbal, Bodou y Randazzo en el rol de panelistas incisivos.

Lo Nacional

La vieja ley sugería que “La programación deberá incluir, preferentemente, obras de autores nacionales e interpretaciones de artistas argentinos[i]. La nueva, a diferencia (perdón, en la misma línea), impone que “Los servicios de televisión abierta deberán emitir un mínimo del 60% de producción nacional; con un mínimo del 30% de producción propia que incluya informativos locales.”[ii]

Ahora bien, ¿Por qué cuando a Mauricio Macri se le ocurre acusar a la“inmigración descontrolada” de peruanos y bolivianos de ser la culpable de los hechos ocurridos en el Parque Indoamericano, todos coincidimos en tildarlo de xenófobo pero cuando el gobierno impulsa una ley donde al capital y al trabajo extranjero se le da un lugar de segunda, a todos nos parece fenómeno? ¿No es este otro caso de lisa y llana xenofobia?

Protección del Espectador

He aquí donde la izquierda y la derecha estrechan sus manos y nos dicen “tranquilos, nosotros los cuidamos”.

La diferencia es que van a cuidarnos de cosas distintas. Mientras la ley vieja busca protegernos de que “atenten contra la salud o estabilidad síquica de los destinatarios de los mensajes o contra su integridad moral[iii], la nueva intenta protegernos de una supuesta concentración de medios que podría –dios no quiera- hacernos pensar algo que a ellos no les guste:

Con el fin de impedir la formación de monopolios y oligopolios, el proyecto de ley pone límites a la concentración, fijando topes a la cantidad de licencias y por tipo de medio.[iv]

Para protegernos los militares inauguraron el COMFER, mientras que los del Frente Para la Victoria lanzaron la AFSCA y además agregan una serie de regulaciones referentes a las licencias con el fin de evitar la “concentración” –o sea, concentrar pero en manos amigas-.

Ahora bien ¿Por qué tenemos dos leyes tan parecidas en esencia pero diseñadas por ideologías supuestamente antagónicas?

¿Será esto señal que desde ambos lados del espectro político sí se cree en la existencia del “interés público” y se acepta que Cristina o el General de turno sean los encargados de expresarlo?

¿Será que ambas facciones se olvidaron que su misión como gobernantes es “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”?

¿Será que izquierda y derecha coinciden en considerar al televidente un ser poco capaz de cambiar de canal o simplemente apagar el televisor si lo que tiene en frente no le gusta?

Los impulsores de la nueva ley alzan la bandera de la “democratización” de los medios. Sin embargo, en esencia y en principios, coinciden con una ley promulgada por un gobierno militar bastante poco democrático.

¿Y nosotros? ¿Estamos en condiciones de creer que los medios interesan sólo a quien produce y a quien consume y no "al pueblo"? ¿Podremos dejar la xenofobia de lado y abrir las puertas sin prejuicios? ¿Estamos listos para adueñarnos verdaderamente del control remoto?

jueves, 6 de enero de 2011

"La Gente no Entiende"


Los inconsistentes argumentos en favor de una Ley de Medios

Cuando haciendo zapping aparece un genio en la pantalla, no puedo hacer otra cosa que mirarlo. Y esto fue lo que me pasó este lunes cuando enganché el programa “Chiche en Vivo” que se emite todos los días a las 20 Hs. por el canal Magazine de Cablevisión.

Si bien Chiche Gelblung ha marcado un estilo único en la televisión, el genio al que hago referencia era su invitado del día: el fantástico Guillermo Vilas.

En la entrevista, el ex número uno charlaba sobre antioxidantes y contaba una anécdota de relativa gracia al respecto, lo que llevó a Chiche a reflexionar sobre los medios y las veces que éstos publicitan que las propiedades del producto “A” son buenas para el síntoma “B”, para luego decir exactamente lo contrario a los pocos días.

Ante este comentario, la reacción de Vilas fue sugerir que semejante tendencia debería ser controlada, regulada, prohibida o “frenada”, para usar sus términos. Que los medios digan una cosa para después decir otra exactamente opuesta debe frenarse “porque la gente no entiende, se confunde”, argumentó.

Ahora la pregunta es ¿Quiénes?

¿Quién no entiende? ¿A qué gente se refiere el gran campeón cuando habla de que “la gente no entiende”? ¿Se referirá a sí mismo, o querrá decir que él sí es suficientemente inteligente para entender pero hay muchos que se creen cualquier cosa? Ahora, si él es tan inteligente ¿Por qué no puede serlo el resto de la sociedad? ¿O hay que ganar Roland Garros para no creer todo lo que dice la tele?

El cuento, que parece banal, no lo es en lo más mínimo puesto que este mismo argumento es el que utilizan nuestros gobernantes para combatir el supuesto “monopolio informativo” y, de paso, controlar la red de comunicación nacional en lo que representa una seria amenaza a la libertad de expresión en el país.

Según este razonamiento, hay gente incapaz en riesgo de creerse todas las pavadas que dicen “los medios” y gente iluminada, que puede protegernos del monstruo. A saber, Cristina Fernández, Gabriel Mariotto o Luciano Galende.

Ahora bien, si todos creemos que una Ley de Medios es buena porque protege a aquéllos que creen todo lo que la "corpo mediática" afirma, vuelve la duda. ¿Dónde están estas "víctimas"? ¿Quiénes son? ¿A quién vamos a “proteger” si, en realidad, todos pensamos que la ley es buena para “otros”?

Creo que este argumento oculta la inseguridad propia de los que lo esgrimen. “El protegido” no es otro que ellos mismos que todavía no se dispusieron a asumir que son los únicos responsables de creer o desconfiar, de mirar un canal o cambiar a otro, de leer un diario o leer un libro.

Olvidan que, como dijera Martin Luther King, “Nadie se nos montará encima, si no doblamos la espalda”.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Muerto el perro ¿Se acaba la rabia?


El pasado viernes 11 de Septiembre el ex-presidente Néstor Kirchner fue internado debido a una obstrucción coronaria y debió someterse a una angioplastia.


Dadas mi ignorancia en temas médicos y mi tendencia a la hipocondría, y sumado al hecho que Néstor ya había sido intervenido hacía no mucho tiempo pensé que algo realmente malo podía pasar. Sin rodeos, temí su muerte.

Acto seguido me pregunté ¿Y si se muere Kirchner, qué le pasa a la Argentina? Qué pasa con el país de la inflación, la inseguridad, el autoritarismo y la violencia si quien es acusado de gobernarlo (porque sabemos que en los papeles gobierna su mujer) deja de existir.

Para ponerlo en términos menos lúgubres: ¿Qué sería de nuestro país si Néstor decidiera mañana tomarse un avión y pasar un merecido descanso vitalicio en las Bahamas luego de tanto empeño puesto en la destrucción de nuestra nación? ¿Cambiaría algo? Veamos.


En ocasión de su presentación ante el Congreso Nacional en Marzo del 2004 Kirchner puntualizaba sobre los siguientes temas:


El Estado que regula el mercado:

“Capitalismo con reglas claras en las que el Estado cubra su rol con inteligencia, para regular, para controlar, para estar presente donde haga falta mitigar los males que el mercado no repara. Un estado que ponga equilibrio en la sociedad y que permita el normal funcionamiento del país”

Sobre el Estado estimulador del consumo:

“… la recuperación del consumo ha sido puesta en el centro de la economía. Sin consumo creciente la recuperación se queda sin locomotora y el crecimiento sostenido no define su sendero.”

Sobre el Estado Inversor:

“Con la creación del Ministerio de Planificación Federal e Infraestructura, y con la decisión expresada desde el primer día de nuestro gobierno, se ha vuelto a planificar y a ejecutar obra pública en la Argentina…”

Sobre el Estado como el creador del “Bien Común”:

“Nuestra convicción nos impone tratar de servir al interés del conjunto por sobre los intereses sectoriales o de partido, poner el bien común por sobre los intereses individuales…”

Más allá de que en la actualidad NK no es el político mejor visto, es interesante notar que en el momento de estas declaraciones, Kirchner contaba con un apoyo popular cercano al 80%.

Y aún el día de hoy ¿Cuántos argentinos rechazarían estos postulados? ¿Cuántas personas aceptan que el Estado debe regular al “capitalismo salvaje”? ¿Cuántos consideran que efectivamente es función principal del gobierno promover el “bienestar general” dando educación, salud, salarios elevados, empresas eficientes, crecimiento del empleo? ¿Cuántos criticarían la idea del Ministerio de Planificación como generador de empleo y en consecuencia consumo y producción? ¿Cuántos tienen la certeza absoluta de que el interés social debe anteponerse al interés individual?

Por más honestidad y nobleza que estos postulados parezcan tener, debemos notar que existe una relación inevitable entre éstos y los posteriores hitos de la gestión K.

En efecto: ¿es mera casualidad que luego de “la recuperación del consumo” estemos lidiando con un proceso inflacionario de los más serios de las últimas décadas? ¿Es producto del azar que luego del establecimiento del Ministerio de Planificación Federal y el regreso de la obra pública casi todos los escándalos de corrupción tengan estrecha relación con éste? ¿Es producto del mal carácter de Moreno que la libertad de comercio en Argentina sea hoy una utopía o tiene que ver con la idea de proclamar “serio” a un falso capitalismo que regula y asfixia al tiempo que propicia todos los espacios para la creación de “peajes” y prebendas?


Por último: Si es Kirchner el que va a procurar el bien común de los argentinos, y va a desentenderse de los intereses individuales, ¿cuál es la necesidad de tener un congreso balanceado?


¿Cómo no va a ser agresivo con la prensa crítica si, en última instancia, es él el único que conoce y defiende el “interés general”? ¿Cómo no considerar “enemigo de la patria y el pueblo” a todo el que piense diferente?

Es popular el dicho que acá tirás una semilla y algo crece. Tenemos un suelo muy fértil para la agricultura. De la misma forma, tenemos un terreno fértil para el surgimiento de gobiernos abusivos e ineficaces.


Si compartimos las premisas filosóficas de sistemas mediocres y autoritarios, difícilmente el hecho de que Kirchner se retire en Bahamas tenga verdadero impacto en nuestro desarrollo. La prueba más notable de esto la ofrece el hecho que la presidente sea Cristina Fernández... de, por y para Kirchner.
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Algunos hitos del gobierno de Kirchner:

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Es negocio manejar el pensamiento?

Si alguien, alguna vez, vio una serie de abogados (“Los Practicantes”, “Justicia Ciega”, o “Perry Mason”) entenderá la importancia que tiene la existencia del motivo a la hora de probar un delito.
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No basta con tener pruebas contundentes como el arma asesina, la ausencia de coartada y los testigos, sino que también el jurado debe saber por qué el acusado cometió el crimen para poder condenarlo sin que haya una duda razonable.
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En el caso argentino, podemos ver que se acusa últimamente a los medios de comunicación (o la “dictadura mediática”) de querer “manejar el pensamiento de los argentinos”.
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Ante semejante acusación cabe preguntarse ¿cuál sería el motivo por el cual Clarín y La Nación querrían manejar el pensamiento de los argentinos? ¿Por qué razón los medios de comunicación –radio, televisión, medios gráficos- querrían aglomerarse para imponer un pensamiento único en el país?
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Por extraño que parezca, Robert Kiyosaki podría brindar a estas preguntas mejores respuestas que cualquier filósofo, economista o politólogo.
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En su best-seller “Padre Rico, Padre Pobre” tiene un capítulo llamado “Atiende tu propio negocio” y cita al inicio del mismo, el caso del fundador de Mc Donald’s que preguntó a los alumnos del MBA de la Universidad de Texas lo siguiente:
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“-¿En qué negocio estoy? –preguntó Ray, una vez que el grupo estaba provisto de cerveza.
-Todos se rieron –dijo Keith. La mayoría de los estudiantes de la maestría en administración de empresas pensaron que Ray sólo estaba bromeando.
Nadie respondió por lo que Ray volvió a formular la pregunta: -¿En qué negocio piensan ustedes que estoy?
Los estudiantes volvieron a reír y finalmente un valiente gritó:
“Ray, ¿quién en este mundo no sabe que tú estás en el negocio de las hamburguesas?”
Ray soltó una carcajada. “Eso es lo que pensé que ustedes dirían”, hizo una pausa y agregó inmediatamente: “Damas y caballeros, yo no estoy en el negocio de las hamburguesas. Mi negocio es inmobiliario.”
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Al igual que el valiente en la historia anterior, Néstor y Cristina responderían a la pregunt realizada por un empresario de los medios “Señor, ¿quién no sabe que usted está en el negocio de manejar el pensamiento de los argentinos?”.
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El problema con la siguiente reflexión es que “manejar el pensamiento de los argentinos” no es un negocio. De hecho, intentar hacerlo puede resultar en un gravísimo quebranto para cualquier empresa.
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El negocio de cualquier diario, publicación o programa informativo es incrementar el número de lectores, televidentes, oyentes y para esto debe acomodarse a las preferencias de éstos o encontrar el grupo de seguidores que sea afín a sus ideas (nicho).
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Así como el tenista tiene que estar permanentemente imaginando hacia dónde irá la pelota cuando el rival la impacte, el empresario está constantemente descubriendo cuáles son las necesidades de sus potenciales clientes para poder ir adaptándose y seguir creando beneficios para sí.
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Pensar que el empresario puede modificar estas preferencias y “dominar la mente” de sus clientes es como suponer que Rafael Nadal puede elegir a qué lado irá la pelota luego de que Roger Federer la impacte.
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Peor aún, pensar que los medios de comunicación quieren dominar la mente de los consumidores para ir en contra del gobierno es pensar que Nadal buscará convencer a Federer para que le pegue un pelotazo al Juez de Silla.
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Si el gobierno de Cristina Fernández fuera una maravilla de progreso, libertad y justicia como ella sugiere, cualquier diario que dijera lo contrario sin sólidas justificaciones perdería tanta credibilidad que caería en desgracia en poco tiempo. Sus dueños se fundirían.
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¿Ahora qué pasa si pensamos en cuál es el negocio de los Kirchner? Si bien, como Ray Kroc, se dedicaron a los bienes raíces mucho tiempo, su trabajo y ocupación actual es la política y el objetivo de la actividad política es conseguir votos y permanecer en el poder lo máximo posible.
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Además, el sistema imperante en la Argentina permite a los que ocupan estos cargos beneficiarse de toda la trama de corrupción y “peajes” existentes lo que convierte al sillón de Rivadavia en un lugar de privilegio en términos económicos.
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Entonces ¿No son los Kirchner los que tienen muchos más motivos para querer “dominar” las mentes de los argentinos? ¿No es la presidente la que tendría un incentivo mucho mayor para querer que la opinión pública vuelva a estar de su lado y la vote (a ella o a su candidato) en el 2011 para poder perpetuarse en la Cabina de Peaje Rosada?

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Si nos guiamos por el móvil o el motivo del crimen, parecería que es el gobierno y no los medios los que estarían más interesados en participar del pésimo negocio del "control mental" .

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