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jueves, 9 de junio de 2011

Macristina

Hace poco más de un año, cuando inauguré mi blog con el artículo “La Boheme Vs. Kapanga” planteé la idea de que los progresistas (que festejaban el bicentenario con rock nacional) por un lado, y los conservadores (que conmemoraron el bicentenario con música clásica y la reapertura del Colón) por el otro, se diferenciaban sólo en la superficie pero compartían sus premisas filosóficas básicas. A un año de esa situación, ni la superficie los diferencia.


En el pasado, cuando Macri eligió reabrir el Colón para festejar los dos siglos de la Revolución de Mayo, no dudó en gastar millones de pesos cobrados a la ciudadanía porteña, para refaccionar un teatro que -si bien tiene características aparentemente únicas en el mundo- sólo disfrutan unos pocos.


En contraste, la Presidenta Cristina Fernández se inclinó por financiar actividades más populares como espectáculos de rock que acapararon la atención del público.

Sin lugar a dudas (y más allá que la reapertura del Colón también tuvo su público) los espectáculos de la 9 de Julio fueron mucho más masivos. No obstante, la diferencia entre los dos actos fue sólo superficial ya que, en ambos casos, los dirigentes no dudaron en utilizar dineros públicos, que son de todos, para financiar y proveer la música, el arte y los espectáculos que disfrutan sólo algunos.

Un año después, ni siquiera queda la hipocresía de la diferencia superficial.

Este sábado 11 de Junio, “Los Pericos” (una banda que lleva vendidos más de 2,5 millones de discos) darán un recital con entrada libre y gratuita en el marco de la inauguración del “Distrito Tecnológico” de Parque Patricios.

Así es, como si Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg hubieran sido productos de la exención impositiva y la planificación municipal, el Gobierno de la Ciudad decidió delimitar un área propicia para que se instalen las empresas “tecnológicas” y, para darse un poco de autobombo, regalarán a los presentes un espectáculo del grupo “Los Pericos”.

Ergo, la pregunta obligada es: ¿Por qué Los Pericos? ¿Por qué no Los Cafres, Nonpalidece, u Otro Mambo? ¿Qué han hecho Los Pericos para que los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires los premiemos con los 10.000, 20.000 o 100.000 pesos que cobrarán por su Show? ¿Quiénes son Macri o el Ministro de Cultura Hernán Lombardi para decidir que son ellos mejores que alguna alternativa similar? ¿O acaso se trata de todos pagándoles la fiestita particular a los funcionarios?

Cuando un productor musical elige una banda para financiarla y difundirla, generalmente trata de encontrar una que le guste a la gente. ¿A toda la gente? Sabiendo que eso es imposible, no busca que le guste a todos, pero sí a una cantidad suficiente de modo que pueda hacer un buen negocio. Como colateral, el buen negocio resulta en beneficio para él, para la banda y para todos aquellos que encuentren placer al escucharla.

Cuando el gobierno es el que decide el show del día, el proceso es distinto. En lugar haber un productor que apuesta por un grupo que tiene potencial, lo que hay es un funcionario eligiendo la banda que tiene más potencial electoral –es decir, una banda consagrada que no tiene ninguna necesidad de seguir creciendo. Nada que ver con el aclamado “fomento a la cultura”.

Más aún, cuando el gobierno es el organizador de este tipo de eventos, se termina dando una situación que deberíamos reprobar entre todos:

José, el almacenero del barrio, que muere por la música de Cacho Castaña, paga todos los meses el impuesto a los Ingresos Brutos. Si no tuviera que pagarlo, tendría más dinero disponible que podría destinar ala compra de un nuevo disco de Cacho, comprar un nuevo equipo de música para escuchar mejor los discos viejos, o bien, comprarse una computadora para bajarse de internet la discografía completa en formato mp3.

Sin embargo, el capricho del gobierno, disfrazado de “Agenda Cultural”, se mete en el bolsillo de José (y le impide escuchar a Cacho Castaña) para que un tercero, que José no conoce y a quien no le debe nada, disfrute de un espectáculo que nunca se ganó en base a su mérito, sino que accede a él porque Mauricio aprendió de Cristina que las bandas taquilleras te suben en las encuestas.

viernes, 15 de abril de 2011

La legitimidad del amiguismo

Seguramente muchos han pasado por la situación de perder un puesto de trabajo para el que se postulaban a manos de un amigo o un conocido del dueño de la empresa. Y sí, es frustrante, da bronca y lo sentimos como una injusticia.

Sin embargo, no podemos decir que el dueño de la empresa no tenga derecho a tomar esta decisión. Al fin y al cabo, es su dinero el que está en juego.

Ahora bien, no en vano existen los departamentos de RRHH, y la variedad de tests donde nos hacen dibujar gente bajo la lluvia para asegurarse de que no nos agarre un brote y lleguemos al laburo con una metralleta. Es decir, más allá de que sí exista el amiguismo, a la empresa le preocupa contratar gente útil y muchas veces hacerlo en función de las ganas que le tengas a tu compañera de Yoga, puede resultar en un perjuicio económico.

Este sistema donde el dueño del negocio aporta capital y asume el riesgo de perderlo con el fin de obtener una ganancia se llama “de uno para uno”. O sea, del dueño para el dueño.

Sin embargo, también puede existir el caso de una organización donde haya más de un dueño. Un consorcio de propietarios, por ejemplo, es un lugar donde cada propietario aporta una cuota para recibir los beneficios derivados del uso de las instalaciones comunes como la escalera, los ascensores o la vigilancia.

A diferencia del primero, este sistema no es de uno para uno, sino "de todos para todos”.

El mismo sistema aplica a los gobiernos. Todos los ciudadanos aportamos una parte de nuestro ingreso en concepto de impuestos para recibir a cambio la protección de nuestros derechos.

Ahora bien, cuando el gobierno se pone a producir o a brindarle pantalla a producciones artísticas, de ficción o deportivas como lo hace en la Televisión muy poco Pública, el sistema muta a uno que podemos denominar “de todos a sólo algunos”.

Para peor, al igual que en los ámbitos privados donde la contratación se hace “por contactos”, el amiguismo del gobierno pasa por la afinidad ideológica y el apoyo que los postulantes hagan del “modelo”. O sea que si estás a favor laburás, y si no “después te llamamos”.

Semejante mecanismo representa una injusticia para todos aquellos que no forman parte del negocio. A saber: los que no son contratados por el canal porque piensan abiertamente distinto al gobierno, los que no trabajan allí, y los que no miran su programación.

De la misma manera que sería una injusticia que tus expensas paguen la peluquería y la manicura de la vecina del 4º “A”, no está bien que un sistema que debe ser de todos para todos termine en un negociado cuyos beneficios sólo los amigos del poder y un grupo selecto de televidentes puedan disfrutar.

viernes, 25 de marzo de 2011

Los Aprovechadores

Juana: ¡Qué bien Tinelli que hace que su programa le cumpla el sueño a tantos chicos que necesitan!

María: ¡Ay Ju! ¿Qué decís? ¡Lo hace todo por el rating!

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José: ¿Viste la modelo que era cartonera? Además de estar muuuy buena, qué lindo mensaje envía a todos sobre la capacidad de progresar…

Lucio: ¡Calláte Joe! Seguro la contratan para poder pagarle dos pesos con cincuenta, total la mina va a aceptar o aceptar.

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Ariel: ¡Qué genio Messi! Además de ser el mejor jugador de la historia dona millones de euros para su fundación de asistencia a chicos en situación de riesgo…

Jimena: Muy ingenuo lo tuyo Ari, es obvio que lo hace para deducirlo del pago del impuesto a las ganancias. ¡Flor de vivo Lionel!

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Existe en nuestra sociedad, y probablemente en muchas otras, la idea de que las buenas acciones, las buenas de verdad, tienen que ir siempre en un solo sentido. Hacer el bien significa actuar de manera desinteresada; darle algo a otro sin contraprestación, sacrificarse.

Si algún individuo llegara –por medio de una actividad determinada- a ser parte de la mejora de la situación personal de otro y existiera la mínima sospecha de que de esa participación el primer individuo tendrá un beneficio personal, la actividad jamás ingresará al paraíso de lo moralmente correcto y su actor irá a parar al infierno de los aprovechadores.

Frente a esta idea cabe oponer dos cuestiones. En primer lugar vale la pena preguntarse por qué debería ser correcto sacrificarse por alguien de manera desinteresada. Es decir, si hoy evito gastar 10 pesos para ahorrar y comprarme una remera en dos meses, el sacrificio en el consumo presente me beneficia en un “mejor” consumo futuro.

Ahora, si yo sacrifico 10 pesos hoy regalándoselos a un individuo desconocido, ni en el presente ni en el futuro obtendré un resultado favorable de dicha acción. Mi sacrificio redunda directamente en el beneficio de este otro sujeto, pero es un juego donde uno pierde y otro gana. ¿Qué tiene de moralmente correcto este sistema? Nada.

Una segunda oposición a la idea de mandar a todos los aprovechadores al infierno es el papel que éstos cumplen en determinados sistemas. El economista profesor Israel Kirzner, en su crítica a la teoría de la competencia perfecta, indica que la realidad no se caracteriza por la existencia de mercados de competencia perfecta sino más bien por la existencia de mercados de conocimiento imperfecto (lo que significa que la razón por la cual en el barrio de Caballito compramos manzanas a 6 pesos el kilo es que no sabemos dónde conseguirlas más baratas).

Dado este conocimiento imperfecto, es el empresario –el aprovechador por excelencia- el que verá en estas imperfecciones oportunidades de beneficio. Si descubre que en Mataderos el kilo de manzanas está a dos pesos y agregando el precio del traslado puede revenderlo a 4$ y hacer negocio, entonces no dudará en aprovechar la situación para ganar dinero. Como colateral, este beneficio individual redunda en uno “social” para quienes viven en Caballito.

Sin embargo, si bien en términos generales este sistema se entiende y se juzga como mejor que otros, la noción de que la búsqueda del beneficio personal y que el egoísmo son intrínsecamente perversos, genera un sistema legal que impide el desarrollo de este proceso de manera eficaz.

En consecuencia tenemos leyes laborales que impiden la libre contratación, leyes que impiden el libre comercio y leyes que obligan a regalar ganancias al Estado para que éste redistribuya la riqueza.

Pero el tema no es económico sino de principios. Hasta no abandonar la hipocresía que implica la idea de que el sacrificio desinteresado es superior al interés personal, hasta que no admiremos a los aprovechadores y diseñemos un sistema en que el beneficio de ellos sea el beneficio del resto, las posibilidades de vivir en un país donde todos tengan una mejor calidad de vida seguirán siendo muy bajas.

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Es negocio manejar el pensamiento?

Si alguien, alguna vez, vio una serie de abogados (“Los Practicantes”, “Justicia Ciega”, o “Perry Mason”) entenderá la importancia que tiene la existencia del motivo a la hora de probar un delito.
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No basta con tener pruebas contundentes como el arma asesina, la ausencia de coartada y los testigos, sino que también el jurado debe saber por qué el acusado cometió el crimen para poder condenarlo sin que haya una duda razonable.
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En el caso argentino, podemos ver que se acusa últimamente a los medios de comunicación (o la “dictadura mediática”) de querer “manejar el pensamiento de los argentinos”.
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Ante semejante acusación cabe preguntarse ¿cuál sería el motivo por el cual Clarín y La Nación querrían manejar el pensamiento de los argentinos? ¿Por qué razón los medios de comunicación –radio, televisión, medios gráficos- querrían aglomerarse para imponer un pensamiento único en el país?
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Por extraño que parezca, Robert Kiyosaki podría brindar a estas preguntas mejores respuestas que cualquier filósofo, economista o politólogo.
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En su best-seller “Padre Rico, Padre Pobre” tiene un capítulo llamado “Atiende tu propio negocio” y cita al inicio del mismo, el caso del fundador de Mc Donald’s que preguntó a los alumnos del MBA de la Universidad de Texas lo siguiente:
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“-¿En qué negocio estoy? –preguntó Ray, una vez que el grupo estaba provisto de cerveza.
-Todos se rieron –dijo Keith. La mayoría de los estudiantes de la maestría en administración de empresas pensaron que Ray sólo estaba bromeando.
Nadie respondió por lo que Ray volvió a formular la pregunta: -¿En qué negocio piensan ustedes que estoy?
Los estudiantes volvieron a reír y finalmente un valiente gritó:
“Ray, ¿quién en este mundo no sabe que tú estás en el negocio de las hamburguesas?”
Ray soltó una carcajada. “Eso es lo que pensé que ustedes dirían”, hizo una pausa y agregó inmediatamente: “Damas y caballeros, yo no estoy en el negocio de las hamburguesas. Mi negocio es inmobiliario.”
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Al igual que el valiente en la historia anterior, Néstor y Cristina responderían a la pregunt realizada por un empresario de los medios “Señor, ¿quién no sabe que usted está en el negocio de manejar el pensamiento de los argentinos?”.
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El problema con la siguiente reflexión es que “manejar el pensamiento de los argentinos” no es un negocio. De hecho, intentar hacerlo puede resultar en un gravísimo quebranto para cualquier empresa.
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El negocio de cualquier diario, publicación o programa informativo es incrementar el número de lectores, televidentes, oyentes y para esto debe acomodarse a las preferencias de éstos o encontrar el grupo de seguidores que sea afín a sus ideas (nicho).
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Así como el tenista tiene que estar permanentemente imaginando hacia dónde irá la pelota cuando el rival la impacte, el empresario está constantemente descubriendo cuáles son las necesidades de sus potenciales clientes para poder ir adaptándose y seguir creando beneficios para sí.
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Pensar que el empresario puede modificar estas preferencias y “dominar la mente” de sus clientes es como suponer que Rafael Nadal puede elegir a qué lado irá la pelota luego de que Roger Federer la impacte.
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Peor aún, pensar que los medios de comunicación quieren dominar la mente de los consumidores para ir en contra del gobierno es pensar que Nadal buscará convencer a Federer para que le pegue un pelotazo al Juez de Silla.
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Si el gobierno de Cristina Fernández fuera una maravilla de progreso, libertad y justicia como ella sugiere, cualquier diario que dijera lo contrario sin sólidas justificaciones perdería tanta credibilidad que caería en desgracia en poco tiempo. Sus dueños se fundirían.
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¿Ahora qué pasa si pensamos en cuál es el negocio de los Kirchner? Si bien, como Ray Kroc, se dedicaron a los bienes raíces mucho tiempo, su trabajo y ocupación actual es la política y el objetivo de la actividad política es conseguir votos y permanecer en el poder lo máximo posible.
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Además, el sistema imperante en la Argentina permite a los que ocupan estos cargos beneficiarse de toda la trama de corrupción y “peajes” existentes lo que convierte al sillón de Rivadavia en un lugar de privilegio en términos económicos.
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Entonces ¿No son los Kirchner los que tienen muchos más motivos para querer “dominar” las mentes de los argentinos? ¿No es la presidente la que tendría un incentivo mucho mayor para querer que la opinión pública vuelva a estar de su lado y la vote (a ella o a su candidato) en el 2011 para poder perpetuarse en la Cabina de Peaje Rosada?

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Si nos guiamos por el móvil o el motivo del crimen, parecería que es el gobierno y no los medios los que estarían más interesados en participar del pésimo negocio del "control mental" .

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jueves, 24 de junio de 2010

Bart, Lisa y El Misterio del Capital

En el año 2000, el economista peruano Hernando de Soto publicó su segundo libro, titulado “El Misterio del Capital”. En él, plantearía que el problema de la pobreza en los países subdesarrollados tenía su base en un difuso y complejo sistema de derechos de propiedad que terminaba excluyendo del progreso a la mayoría.

El punto central era simple: Los países desarrollados le hacen a la gente mucho más fáciles las cosas a la hora de registrar una propiedad, crear una empresa o pagar los impuestos. Estar “en blanco” en los países desarrollados, está bueno. En los países pobres, como el nuestro y el de nuestros vecinos, los incentivos cambian y la cosa no está tan buena.

Bart y Lisa viven en Springfield, Estado Unidos. Sin embargo en el extracto de este capítulo parecen retratar a la perfección una situación muy argentina y muy “Desótica” (por De Soto, claro).

Según datos del Banco Mundial[i], en la Argentina se requieren 27 días para registrar una empresa. Veintisiete días en los que el empresario tiene que trasladarse a las oficinas gubernamentales, pagar viáticos, pagar fotocopias, certificados, impresiones, sellos, etc. Se invierte tiempo y dinero. En Australia, por el contrario, sólo son necesarios dos días. En Nueva Zelanda, 1.

¿Sorprende entonces a alguien que en Nueva Zelanda se hayan registrado 65.098 empresas en el año 2006, y en Australia 82.184, mientras que en Argentina sólo se registraron 16.400[ii]?

Si tomamos los datos del año 2009, en Argentina se estiman necesarias 453 horas para preparar y pagar los impuestos. En Nueva Zelanda, sólo 70, mientras que en Australia se necesitan 107[iii].

¿No es esto un incentivo, aunque sea pequeño, para encontrar una manera “más simple” de estar en regla, o para decidir que es mejor negocio no estarlo?

Imaginemos una situación como la del video, pero sin inspector del gobierno. ¿Estaría Bart incentivado en alguna forma a ofrecerle dinero a alguien para que éste haga la “vista gorda” sobre algo?

¿Finalmente no es siempre el gobierno el que está en el medio de escándalos de corrupción (IBM-Banco Nación; Venta de Armas a Panamá; Reforma laboral de De La Rúa; Valijas Voladoras de Kirchner)?

Entonces:

Regulamos el comercio para frenar los “excesos y fallas del mercado” y nos encontramos con los “excesos y las fallas” de los oficiales del gobierno aumentando el nivel de corrupción general.

Imponemos regulaciones, emitimos disposiciones, resoluciones y decretos para tener la empresa más seria, más higiénica y más "saludable" y más específica en su objeto social, y matamos de a poco el incentivo a la creación de empresas y, en consecuencia, a la creación de trabajo y al aumento del nivel de vida.

Cobramos impuestos a las ganancias, al valor agregado, a los bienes personales, a las transferencias bancarias, a las transferencias inmobiliarias, etc. para buscar un equilibrio social y “distribuir la riqueza” y resulta que nos quedamos sin distribución y sin riqueza.

Muchos dirán que es una cuestión de formas. Que la teoría es buena, pero la práctica falla. Por ahí llegó la hora de pensar en una teoría "malísima". Quizás tenemos suerte y la práctica resulta bárbara.

[i] http://data.worldbank.org/indicator/IC.REG.DURS
[ii] http://data.worldbank.org/indicator/IC.BUS.NREG
[iii] http://data.worldbank.org/indicator/IC.TAX.DURS

jueves, 17 de junio de 2010

¡Grande Pa!

Este domingo se festeja en el país el Día del Padre y quisiera aprovechar esta oportunidad para reconocer el lugar que tiene el verdadero papá argentino.

Creo que es este un momento para reconocer en ellos, nuestros gobernantes, legisladores y funcionarios públicos, su verdadera vocación paterna para con todos los ciudadanos cuyas vidas buscan modelar a diario.

Quiero expresar mi más profundo saludo y mi eterna gratitud hacia todos ellos por querer siempre que:

  • … mi salarios sea digno, mínimo, vita y móvil. (Artículo 14 Bis de la Constitución Nacional).
  • … yo pueda pagar el colectivo (Decreto 678/2006), el tren (Decreto 652/2002) y hasta el taxi, cuidando también que mi “hermano”, el taxista, no pierda plata (Decreto 806/08).
  • … tengamos libre y fácil acceso al cuidado de nuestra salud, entendido ésta como la satisfacción de necesidades de alimentación, vivienda, vestido, trabajo y educación. (Ley 153 de la Ciudad de Buenos Aires)
  • … yo tenga una opción de educación gratuita (¿?) en todos los niveles, desde el jardín hasta la universidad (Ley 24195).
  • … pueda ver todos los partidos del mundial y de los campeonatos locales con la sola necesidad de tener un televisor con antena (Decisión Administrativa 144/2009).

Por procurar que:

  • … cuando vaya a bailar lo haga en horarios “saludables” y razonables fuera de peligro alguno (Régimen Provincial de Nocturnidad, ley 14050 en la provincia y ley 3361 en la Ciudad de Buenos Aires).
  • … ni yo ni mis hermanitos (el resto del país) veamos insultos, violencia, culos, tetas ni nada que sea ofensivo para nuestra estabilidad emocional en la pantalla del televisor (Ley 22285).

Quiero abrazarlos fuerte porque se preocupan tanto por mi bienestar, mi presente y mi futuro que:

  • … me prohíben tomar cerveza, Fernet u otras bebidas alcohólicas luego de ciertos horarios y se enojan con mis hermanos que se portan mal y se animan a vendérmelas (Ley 3361).
  • … me prohíben siquiera acercarme a las sustancias que consideran malas para mi salud como la marihuana, la cocaína u otros productos psicotrópicos y castigan duramente a quien quiera proveérmelos (Ley 23737).
  • … me obligan a ir al colegio por 10 años de mi vida, desde los 5 hasta los 15 para enseñarme matemática, lengua, geografía y la historia de mi país siempre con ecuanimidad e imparcialidad (Ley 24195).
  • … me obligan a ahorrar y administran parte de mi dinero para que cuando yo crezca, ellos dictaminen si con su limosna podré, o no, sobrevivir (Ley 26.425).
  • … me obligan a usar casco si ando en moto y a ponerme el cinturón de seguridad si manejo un auto (Ley 24449).

Y para que todos tengamos dinero parejito y no haya desigualdades en la familia:

  • … me obligan a darles el 21% de casi todo lo que compro (Impuesto al Valor Agregado Decreto 280/97) y el 35% del dinero que genero (Impuesto a las Ganancias T.O Decreto 649/97) entre infinidad de aportes.
  • … le prohíben a “mis hermanos” los productores de carne, comerciar con los hijos de otras familias para que la carnecita se quede en casa y la podamos comer todos a precios “populares” (Resolución 114/2006 del Ministerio de Economía y el Código Aduanero).

Y, por supuesto, como todo padre, tengo que pedirle permiso para:

  • … trabajar como abogado, por más que ya haya obtenido un título (Ley 23187) trabajar como contador, economista, licenciado en administración (Ley 20488).
  • … y hasta para ser administrador de consorcios (Ley 941/02 de la C.A.B.A), o para ser paseador de perros (Decreto 1972/01 de la C.A.B.A) tenemos que pedirle permiso a papá.

Papá es una persona llena de nobles y grandiosos deseos para todos sus hijos. Tiene tantas ganas de que logremos esos deseos, que trata de ayudarnos y busca formas de que todos nos ayudemos mutuamente. Sin embargo, su energía muchas veces no es suficiente y su voluntad termina por quedar sólo en la expresión de deseo y el entusiasmo.


Papá quiere que no nos sintamos mal por ver que algunos hermanitos tienen mejor pasar que otros, por lo que busca constantemente nivelarnos exigiéndole a los que más tienen que ayuden a los que menos tienen, enseñándonos verdaderas lecciones de solidaridad y altruismo.


Papá también es muy exigente. Pero si cumplimos con sus expectativas y sus altos estándares de excelencia, suele darnos permiso para todo (aunque a veces también basta con tratarlo muy bien o conseguirle algún DVD o comprarle alguna corbata de las que gustan ¡y ya está!).

Papá nos quiere mucho. Tanto nos quiere que nos protege de todo y de todos. Vela tanto por nuestra seguridad que termina protegiéndonos de nuestras propias experiencias y hasta de nuestro propio proceso de aprendizaje.

Pero bueno, en definitiva, es él el que sabe más que todos nosotros. Por algo es el papá de la familia, ¿no?