“…en todas las cosas el medio es digno solamente de alabanza, mientras que los extremos no son buenos ni laudables, y no merecen sino nuestra censura.” *
Veamos. Puede ser que si tomás 10 veces más de lo que estás acostumbrado no sólo ni te acuerdes de qué paso a la noche sino que al otro día te vas a sentir pésimo. De la misma forma, si trabajás todo el día sin descanso y te exigís “al extremo”, podés tener problemas de stress y, probablemente, alguna repercusión física. Pero en el otro extremo, si no trabajás nada, te va a costar llegar a fin de mes.
Para estos casos, podemos pensar que un cierto equilibrio entre los dos extremos es saludable.
Sin embargo, supongamos que estamos ante una escala que va de peor a mejor. En dicha escala, los dos extremos están definidos por su nombre. El extremo inferior es peor, mientras que el superior es el mejor.
En el ránking de la ATP, por ejemplo, el eslovaco Tilen Zitki es el último jugador (#1774) mientras que Rafael Nadal ostenta el primer lugar. En esta escala, el extremo mejor es Rafael Nadal, mientras que el extremo peor es Zitki. ¿Significa esto que si me pongo a jugar contra Zitki tengo alguna chanche de ganar? Desde luego que no, pero a los efectos de este ránking, él es definitivamente el peor del circuito.
Ahora vayamos a otro contexto. Hoy por hoy, si nosotros estamos en nuestra casa pero deseamos ir –digamos- a Parque Saavedra, podemos determinar la mejor manera de llegar ingresando a un sitio web llamado “Cómo Viajo”. Muy fácilmente, al ingresar nuestra dirección de salida y nuestro destino, la página nos arroja opciones. De esas opciones siempre está la mejor, que es la que nos deja más cerca de nuestro lugar objetivo.
Entonces, llegado el caso que finalmente decidiéramos qué queremos como fin para nuestra vida / carrera / país / economía (que ya es una tarea bastante difícil) ¿Todavía podríamos pensar que los extremos no son buenos?
Es decir, ¿En caso de tener un fin determinado y varias alternativas ordenadas desde la extremadamente mala hasta la extremadamente buena, es sensato sostener la fórmula políticamente correcta de que los extremos nunca son deseables?
Seguramente las alternativas sean perfectibles y siempre haya cuestiones por investigar. Sin embargo, creo que sería un error grave que nos tomemos dos colectivos y un taxi para ir a un bar que nos queda a cinco cuadras, sólo porque tenemos que elegir una alternativa que se encuentre en el “alabado” medio entre los dos extremos.
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* Aristóteles en "Ética a Nicómano" disponible en http://www.filosofia.org/cla/ari/azc01046.htm
