sábado, 10 de noviembre de 2012
No es "cepo" es un asalto
lunes, 22 de octubre de 2012
La fundación bicicletera Banco Ciudad
viernes, 31 de agosto de 2012
"Preferimos que veraneen en el país"
viernes, 4 de mayo de 2012
Ser Celíaco…
martes, 27 de marzo de 2012
Más allá de Moreno (y no me refiero a La Reja)
Uno de los aspectos positivos de Moreno – consecuencia no intencionada de su despreciable accionar – es que logra hacer evidente la arrogancia y la violencia que yacen detrás de todas las medidas económicas intervencionistas probadas en Argentina de un tiempo a esta parte.

Ahora está de moda “pegarle” al funcionario. Nos cae mal su prepotencia, su mala educación, su soberbia y su actitud de desprecio por cualquier argentino que no esté a su nivel (porque todos sabrán que ser funcionario público es algo incomparablemente honorífico). Muchos, de hecho, piden su renuncia[1].
Sin embargo, lo que debe remarcarse es que Moreno solamente exterioriza lo que ya estaba presente en el país desde tiempos anteriores al mismísimo San Néstor. De hecho, si investigamos un poco en diarios del 2003 podemos encontrar las primeras noticias que anunciaban los “acuerdos de precios” a los que el gobierno de Duhalde – y su respetadísimo Ministro de Economía Roberto Lavagna – había llegado con distintos sectores de la economía, como el lácteo o el de los combustibles.
La única diferencia entre estos “acuerdos” y el dictum “el precio lo defino yo[2]” del funcionarísimo Moreno es que uno se lleva a cabo en una reunión amistosa y cordial y el otro se sale un poco de lo protocolarmente esperable. En esencia, no obstante, la situación es la misma. Veamos por qué…
Los precios de los productos son meras señales, meros mensajeros de “algo” que está detrás. Por ejemplo, si el precio de la leche sube puede deberse a que ésta sea relativamente escasa. Su precio alto, por tanto, indica que el sector de la leche es un buen negocio e invita a los empresarios a desembolsar su ahorro en producir leche para obtener rentabilidad. La competencia que estos nuevos empresarios generan da como resultado más leche y menores precios.
Por otro lado, el precio – como mensajero del mundo económico – también puede estar reflejando que hay algo en la economía que está siendo relativamente abundante, a saber, los pesos en circulación. Cuando no es solo la leche sino todos los precios los que suben (aunque lo hagan a ritmos distintos) la información que se transmite es que hay inflación.
Exactamente lo mismo puede ser dicho de los medios de comunicación. Los diarios son meros mensajeros de “algo” que está detrás. Ergo, si el diario A dice que el ministro B está llenándose los bolsillos con la corrupción de la empresa C, solo se limita a difundir esa información a aquellos agentes que estén interesados en conocerla.
Si el gobierno, ergo, quiere hacer algo al respecto ¿cuál es la diferencia entre, por un lado, invitar al director del diario A y pedirle amablemente, con vino y sushi de por medio, que deje de comunicar cosas inconvenientes y, por el otro, citarlo para comunicarle que la información que se transmite “la decido yo”?
Desde la devaluación el gobierno de Duhalde y el de ambos Kirchner han recurrido a la violencia contra el mensajero como manera de solucionar los problemas que ellos mismos generan. Los controles de precios, tipo de cambio, compra de moneda extranjera e importaciones son algunos ejemplos. Los nuevos ataques a la prensa y los últimos exabruptos del funcionarísimo, los más recientes.
En conclusión, por más que nos traten bien, cuando el gobierno intenta impedir que se transmitan ciertos mensajes – económicos o no – siempre nos enfrentaremos al violento “esto lo decido yo”. Una eventual renuncia de Moreno no solucionaría este problema.
Si de una vez y para siempre queremos terminar con esta situación tenemos que abogar por un sistema donde la imposición gubernamental no sea una opción. Caso contrario, terminaremos siempre topándonos con estas peligrosas víctimas del delirio de grandeza.
[1] http://www.infobae.com/notas/611607-La-oposicion-reclama-la-renuncia-de-Moreno-tras-la-denuncia-del-PRO.html / http://www.larazon.com.ar/actualidad/dirigente-kirchnerista-pidio-renuncia-Moreno_0_245700024.html
[2] “… y al que no le gusta, que se ponga en cuatro” http://diarioinedito.com/Nota/7335
jueves, 19 de mayo de 2011
Cuidando a la Presidenta
- ¡Buenos días, mi presidenta! Es un honor tenerla en mi consultorio, aunque debo decir que me preocupa un poco porque quiere decir que algo no anda del todo bien ¿Qué la trae por aquí?
- ¡No puedo más doctor! La verdad, estoy muy cansada. Hace poco mi médico me prohibió viajar a Paraguay, estuve con problemas de presión, desmayos…
- Entiendo, sí. Y cuénteme un poco. ¿Qué estuvo haciendo esta semana?
- Bueno, lo normal ¿vio? Un poco de trabajo, digamos, nada raro.
- Veo, veo, ¿Y en qué consistió esa rutina normal de trabajo?
- Bueno verá, el jueves pasado inauguramos un centro integrador en Villa Zagala. Luego, el viernes, me reuní con los dirigentes de la CTA y el martes con la CAME. Es como parte del diálogo social ¿vio? Para que tengamos los salarios controlados. Ese mismo día anuncié el hallazgo de petróleo no convencional de YPF donde di cifras precisas sobre reservas y otras cuestiones técnicas. El miércoles firmé otro acuerdo salarial, pero entre la UOCRA y la Cámara de la Construcción y el jueves entregué créditos estatales a jóvenes emprendedores para que se desarrollen, produzcan, generen trabajo… en fin. Y el viernes cerramos un acuerdo importantísimo para la prevención de salud en las cárceles.
- Bueno, bueno. Entonces usted me dice que en el plazo de una sola semana tuvo que encargarse de siete cuestiones de vital importancia y que, a su vez, no tienen casi nada que ver una con la otra.
- Tienen que ver, por supuesto, es el bienestar del país.
- Si claro, lo entiendo, pero usted tuvo que interiorizarse de la situación de siete circunstancias esencialmente diferentes, con diferentes necesidades, problemas, historias, intereses y alternativas de solución en juego.
- Sí, por supuesto, ése es mi trabajo.
- Bueno verá, por ahí no debería decirle esto pero tengo pacientes que aparecen aquí con crisis de nervios porque deben rendir dos exámenes en un mismo día. Tengo empleados de restaurantes que se desmayan en pleno trabajo porque hubo demasiadas mesas para atender. Y también tengo pacientes como la Señora Mirta Legrand a quien tuve que contener por no sé qué nuevo escándalo que había protagonizado su nieta.
No quiero decirle cómo hacer su trabajo, pero sí quiero decirle que lo que usted llama rutina y trabajo es humanamente imposible de realizar.
- Vaya doctor, la verdad que nunca lo había visto de esa forma. ¿Entonces son todas estas cosas las que me generan presiones que terminan afectando mi organismo?
- Creo que es una posibilidad a considerar.
- ¿Y qué hago? ¿Cómo hago para que a este país le vaya bien y yo no muera en el intento?
- ¿Probó alguna vez delegar sus tareas?
- ¿Está hablando de Cobos? ¡Por favor le pido, que veníamos bien!
- No, no. No me refería al vicepresidente. Una delegación más grande.
- Claro que sí, mis ministros trabajan muy duro. Con Amado, Guillermo y Carlos siempre nos reunimos, trabajamos mucho en equipo, aunque las decisiones finales, claramente, las tomo yo.
- Está bien, eso es una forma de delegar, pero usted sigue con la carga de decidir acerca de todo. La responsabilidad sigue siendo suya, de su equipo. Es como el general del ejército. Él delega, pero la responsabilidad es siempre suya.
- ¿Y entonces? ¿A qué se refiere?
- Bueno, le pregunto lo siguiente, para que vayamos de a poco. Si su hermano se pelea con su padre. ¿Usted qué hace?
- Trataría de intermediar, solucionar el tema.
- Bien ¿Y si su primo se peleara con su tío?
- Supongo que los escucharía si me necesitaran.
- Claro ¿Y qué haría con un vecino con quien no tiene relación?
- Creo que dejaría que él y su entorno encuentren la mejor solución. ¡No puedo estar en todo, Doc!
- Estimada, usted lo ha dicho mejor que yo. Trate de tener presente esta charla. En eso consiste la verdadera delegación, en dejar que los demás encuentren la mejor solución y la pongan en práctica. Y, por supuesto, ellos asuman la responsabilidad. La responsabilidad no es suya, mi querida presidenta. No se haga cargo de lo que no le corresponde porque la va a terminar afectando negativamente. Es mi consejo médico nomás.
- Muchas gracias Nakamura. Lo voy a tener en cuenta. Y otra cosa ¿Mirtha estaba mal por lo de Lousteau? A mí nunca me gustó ese chico...
viernes, 18 de marzo de 2011
¿Por Qué Roban los Políticos?
Por lo mismo que los otros ladrones. No tanto por su calidad como personas sino por una respuesta lógica a la siguiente pregunta: ¿Para qué trabajar 8, 10 o 12 horas por día por un sueldo que no alcanza si trabajando mucho menos tiempo se puede vivir mucho mejor?
En general creemos que el que roba es malo porque hace un daño al otro y eso es cierto, pero no debemos dejar de lado la idea de que el robo es un acto perfectamente racional.
Salir a robar no debe ser nada fácil. Si te sale mal podés terminar preso, herido o bien muerto. Es decir, robar involucra un alto nivel de riesgo. Sin embargo, el beneficio es alto en relación al costo.
Robar una cartera, por ejemplo, puede tomar 40 segundos. La adrenalina debe ser altísima y –como dijimos- el riesgo también, pero luego de 40 segundos de trabajo obtuvimos 200 o 300 pesos más un celular y accesorios que podemos cambiar por dinero.
Asimismo, robarle con éxito una cartera a una señora en el medio de la avenida Corrientes es mucho más difícil que hacerlo de noche en un callejón con poca luz y poca gente. ¿Por qué? Porque la posibilidad de ser descubierto y tener que correr por tu vida disminuye significativamente en el callejón.
Ahora bien, imaginemos que el carterista pudiera reducir el riesgo de ser descubierto a una expresión mínima.
Imaginemos que, en lugar de asaltar una mujer, empujarla al piso, tironearle el bolso y salir corriendo, nuestra rutina laboral sucediera en un elegante despacho, con aire acondicionado y varios empleados sirviendo café.
Supongamos, además, que en lugar de 200 pesos y accesorios para vender, el premio son varios millones que van a ir a parar a una cuenta en un banco suizo a nombre de un tío segundo.
Pensemos también que la posibilidad de ser atrapado en medio del atraco baja porque nuestra rentabilidad es tan grande que podemos compartir el botín con quien debería meternos presos.
Y considérese por último que las oportunidades para incurrir en este tipo de maniobras es abundante puesto que el sistema está lleno de regulaciones, permisos, habilitaciones, contrataciones públicas y licitaciones.
Finalmente, si vos fueras político y vieras esta circunstancia, ¿no robarías también?
Probablemente no porque no es tu estilo andar jorobando a la gente por ahí. De acuerdo. Sin embargo, no podemos decir que quien cobra una coima, paga un sobreprecio, o cobra un “peaje” extra no lo haga siguiendo una perfecta ecuación de costo beneficio. Entonces ¿qué hacemos?

Como primera medida podríamos ir casa por casa predicando las bondades de ser honesto y no quedarse con los vueltos. Pero difícilmente la debilidad humana logre entendernos.
En segundo lugar, podríamos idear una nueva serie de controles que sirva para relevar a los supervisores del área de regulación de las actividades monitoreadas que controlan al que debería estar controlando; logrando simplemente agregar eslabones a una cadena en donde, a la larga, cuando se aceita el mecanismo, todos se llevan su porción.
Entonces, si los hombres luego de resolver su ecuación costo-beneficio deciden incurrir en actos corruptos, y si los controladores de que esto no pase son tan humanos como los primeros, lo que hay que cambiar no es al hombre sino a la circunstancia.
Si no hubiera mujeres por la calle caminando con carteras, de seguro no habría carteristas. Si la calefacción dependiera de cada departamento, el administrador del edificio no podría facturar más caro el arreglo de la caldera.
Análogamente, si removiéramos al gobierno de su papel omnipresente, promotor y controlador de la actividad de los ciudadanos, le estaríamos dando un demoledor golpe al fenomenal clima de negocios corruptos que hoy impera en el país.
jueves, 23 de diciembre de 2010
No fue Duhalde, fue Rousseau
Probablemente por el enorme poder que acumuló durante su gobernación en la Provincia de Buenos Aires, cada vez que ocurren hechos como los del sur de la Ciudad, muchos se miran y piensan: “Duhalde debe andar detrás de esto”.
Dado que estos reclamos muestran la situación de precariedad y pobreza en que vive gran parte de nuestra población, siempre son funcionales a aquéllos que quieren ver la popularidad del actual gobierno debilitada. Ergo, las pistas llevan hacia pocos nombres.
Sin embargo, viajando por el “Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres”[i] de Jean Jaques Rousseau, al "cabezón" están por dictarle la falta de mérito.
Desde el punto de vista de los ocupantes –tanto del Parque Indoamericano, como del Club Albariño o los otros predios ocupados- las tomas son hechos ilegales pero consecuencia de situaciones injustas que hay que resolver y que representan una falta aún más grave que la toma misma.
Y no fue Duhalde sino Rousseau el que distinguió la desigualdad moral de la desigualdad natural (que es la que hace que vos seas rubia y yo morocho):
“… otra, que puede llamarse desigualdad moral (…) Esta consiste en los diferentes privilegios de que algunos disfrutan en perjuicio de otros, como el ser más ricos, más respetados, más poderosos, y hasta el hacerse obedecer.”

La consecuencia de esta lectura es que vos sos más rico, porque yo soy más pobre. Y si mañana Gonzalo Heredia tiene más seguidores en Twitter que “lacrisisesfilosofica” es probablemente porque se los sacó a este blog.
Entonces, cuando no tener acceso a la vivienda -mientras que otros tienen mansiones- es visto como un robo o una situación de beneficio de unos a costa de otros, el Estado que tiene que dar justicia frena y deja pasar ya que, piensa, tiene que reparar la primer situación “injusta”.
Y así es como caemos en las “políticas de vivienda”, los subsidios, y los planes de todo tipo, tamaño y color, que castigan el esfuerzo de unos en nombre de la necesidad de otros, con el objetivo de lograr la tan deseada "igualdad moral" roussoniana.
Como corolario, los principales sospechosos de coordinar las ocupaciones, como el ex-presidente, Pitu Salvatierra o Regino Acevedo, probablemente serían condenados (en un juicio que jamás existirá) como meros autores materiales.
Sin embargo, de seguirse la investigación, el autor intelectual de esta confusión de principios que termina en “usurpo porque vos me usurpaste antes” sería sin dudas el pensador francés J.J. Rousseau.
[i] “Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres”, Jean Jaques Rousseau, Página 22: http://www.policialapaz.com.ar/biblioteca/Juan%20J.%20Rousseau%20-%20Discurso%20sobre%20la%20desigualdad.pdf
jueves, 16 de diciembre de 2010
Villa Soldati: ¿La Ausencia del Estado?
La ocupación del Parque Indoamericano por parte de un abultado grupo de personas en supuesta búsqueda de un lugar para vivir y el posterior enfrentamiento entre “usurpadores” y “vecinos” llevó a muchos a la conclusión de que esto es lo que pasa cuando el Estado se ausenta.
Desde prestigiosos periodistas hasta columnistas de algún programa de TV compartían -más o menos- la misma línea de razonamiento: Cuando el Estado no está, reina la anarquía, y la anarquía es la guerra de un bando dispuesto a todo que se enfrenta a otro dispuesto a todo, y más.
Ahora bien, aun suponiendo que el escándalo fue armado por algún político interesado en “desestabilizar”, de no haber una situación propicia, este personaje no podría ni organizar la ocupación de un locutorio. Entonces, ya sea que la okupación fue armada o espontánea, lo que se aprecia es que la miseria y la exclusión no han sido erradicadas aún.
¿Y quién es culpable de esto? ¿El Estado ausente? Veamos...
Por ley, el salario mínimo que un empresario debe pagar a un empleado es de 1740 pesos mensuales. Por supuesto, esto genera que si un empresario pudiera contratar por debajo de ese nivel, tendría dos opciones: o no contratar (desempleo), o contratar en negro. Si recurre a la segunda, el empleado tiene trabajo pero difícilmente tenga acceso a un crédito para comprar una casa, por ejemplo.
Por otro lado, según el Banco Mundial, los trámites burocráticos necesarios para registrar una empresa en el país pueden llevar hasta 27 días hábiles. En países que progresan, en cambio, los trámites pueden tomar entre uno y dos. No es extraño entonces que la proliferación de empresas en argentina sea lenta y el empleo no crezca.
Además, en el país tenemos cerca de un 30% de inflación anual, cuyo único responsable es el gobierno, que debe financiar sus crecientes gastos.

Por último, nuestros gobiernos están siempre dispuestos a crear “derechos” allí donde haya un grupo que diga tener una necesidad y luego financiarlos con el dinero de todos, mediante impuestos, inflación o deuda.
Como conclusión, tenemos un Estado que en aras de mejorar la situación del trabajador genera desempleo, un Estado que por controlar y supervisar al mercado y a sus agentes, destruye el incentivo para la creación de empresas que son vitales para dar trabajo y ofrecer productos a precios competitivos.
Un Estado que para alentar el consumo y salir de la recesión, ha generado una inflación que dios sabe cuándo y cómo terminará. Y, por último, tenemos un Estado que está dispuesto a compensar a cualquiera que proteste, total no asume por ello ningún costo económico, sino que nos lo traslada a todos nosotros.
Entonces ¿Cómo no va a haber gente que viva de changas y que al no poder seguir pagando su aumentado alquiler, siga al que le dice “si vamos al parque, podemos conseguir un subsidio”?
Finalmente, que los enfrentamientos no hayan sido frenados por las fuerzas de seguridad reflejan la inacción estatal. Pero nada de lo que llevó a generar esta situación tiene que ver con la inacción estatal. Es más, cabe preguntarse si no se debe al fenómeno inverso.
.jpg)


