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jueves, 5 de agosto de 2010

El Factor Pichetto


Y varios años más tarde, volvieron las denuncias sobre coimas y compra de votos en la “Honorable Cámara de Senadores de la Nación”.


Aparentemente nuestra presidente se paseó por el “Alto Senado Shopping” para comprar votos en forma de viajes, dinero o prebendas, para que los senadores voten a favor de sus proyectos.

Es de este modo que se manifiesta el “Factor Pichetto”. Es decir ¿cómo pretendemos que una persona a quien no confiaríamos ni un peso para que nos compre un alfajor en un quiosco, tome decisiones para alcanzar un supuesto “bien común”?

No quiero que esto se entienda como algo personal contra el senador pero, a partir de los hechos acaecidos, uno puede fácilmente suponer que estos problemas ocurren porque el congreso está lleno de gente inherentemente mala y corrupta per se.

Aunque esta idea no se aplique a todos, supongamos que éste efectivamente sea el caso. Después de todo, "malos" como son, son consecuencia de nuestro voto. Podemos considerarlos un voto equivocado que, con el tiempo, irá evolucionando pero la evidencia muestra que así como nos equivocamos ahora, también nos hemos equivocado antes. Ergo, la probabilidad no está del lado de la teoría del aprendizaje en este momento.

¿Cómo entonces podemos encontrar, dentro del sistema democrático, una solución a esta situación?

Friedrich August Von Hayek puede ayudar a encontrar una respuesta. En su libro “Individualism and the Economic Order”, el premio Nobel de economía defiende a Adam Smith y el sistema del Individualismo:


“Es un orden social cuyo funcionamiento no depende de que encontremos buenos hombres para manejarlo, o de que todos los hombres se vuelvan mejores de lo que son ahora, pero que hace uso de los hombres en toda su variedad y complejidad, a veces buenos y a veces malos, a veces inteligentes y más seguido estúpidos. Su objetivo era un sistema bajo el cual sea posible garantizar la libertad de todos, en lugar de restringirla, como sus contemporáneos francteses deseaban, para los ‘buenos e inteligentes’”

Entonces, por supuesto que si pudiéramos a votar a Jesús, María Santísima y el Espíritu Santo, no tendríamos problemas de corrupción en el Senado. Sin embargo, como es mucho más probable que en lugar de Jesús y la Virgen lleguen al congreso, lo hagan los Pichettos, Menems y Pontaquartos, lo que hay que ajustar es la capacidad de daño de que el Congreso dispone.


Si el Senado regula los medios, controla los precios, decide cuánto ganarán los jubilados, decide cuál es el "salario mínimo", qué productos entran al país y cuáles son "contrabando", etc. entonces obviamente que las implicancias de las decisiones sobre estos temas serán enormes.

Sin embargo, si hubiera una restricción para siquiera lidiar con estos asuntos, su capacidad de daño sería prácticamente inexistente.

jueves, 15 de julio de 2010

¿Ser gay, ser heterosexual o ser humano? Esa es la cuestión

Luego de un extenso debate, el Congreso decidió que el Código Civil sea modificado para que de su lectura se interprete que el matrimonio implica, no sólo la unión de dos personas de sexos opuestos, sino también la de dos personas del mismo sexo.

La importancia de este largo debate radicaba en un tema tan esencial como difícil de observar en profundidad. Se trataba de tomar a las personas por lo que son: personas. Del debate podría haberse extraído de una vez y para siempre una verdad evidente en sí misma: que todos somos creados iguales.
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A juzgar por los acontecimientos, si bien pareciera que esto fue lo que sucedió, debo decir que el resultado del debate fue una lamentable confusión filosófica.

De acuerdo a lo ocurrido, los argentinos no somos individuos “creados iguales” sino hasta tanto el señor Pichetto y la señora Estenssoro no lo dictaminen en el Congreso. La igualdad de derechos en Argentina no está dada por el hecho de que somos humanos, sino porque otros humanos, que se llaman diputados y senadores nos la otorgan. Como diría Jack Slater en “El último Gran Héroe”: “¡Grave Error!”

La minoría oprimida que necesitaba un liberador

Siguiendo el curso actual de los acontecimientos, estamos al borde de creernos el cuento de la minoría oprimida que necesitaba un liberador. Para peor, el cuento termina con un monumento a Cristina Fernández en medio del boliche "América" (pagado por todos, por supuesto).

Si de minorías hablamos, los gays y las lesbianas no son las únicas. ¿Qué pasa con los bisexuales? ¿Qué pasa si un día una mujer bisexual decide pasar el resto de su vida al lado de dos personas, una mujer y un varón? ¿Qué pasa con la poligamia y la bigamia, aún dentro de relaciones heterosexuales? ¿Quién decidirá sobre la herencia de estas familias? ¿Quién decidirá sobre la adopción de estas mínimas unidades sociales? ¿Quién legislará sobre la pensión que les quede a las dos mujeres de un bígamo difunto? ¿Qué cargada inventarán los chicos en el colegio para decirle al hijo del bígamo? (Ninguna porque seguro el pibe respondería “Mi papá se mueve a dos minones ¡tarado!”).


En fin, el cuento de la minoría que necesitaba un liberador es simplemente inexistente y creerlo implica desconocer principios filosóficos fundamentales. El ser humano es libre y, como tal, tiene derecho a su propia vida y a vivirla como le plazca, aún equivocándose. Este derecho a mi propia vida es el que me permite decidir con quién voy a vivir, cómo voy a celebrar mi sexualidad, con quién y cómo voy a tener hijos,etc.
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Los derechos son anteriores al gobierno

Al respecto de lo anterior es interesante darle una leída al segundo párrafo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica:

“Sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos…”

Quien no crea en dios puede reemplazar “su creador” por “la naturaleza” y el fondo de la cuestión permanece inmutable: el hombre nace libre y para conservar esa libertad necesitamos un gobierno que la proteja, no que la otorgue.

En este sentido, la afirmación de la presidente de la FALGBT María Rachid cuando afirma que la nueva legislación “va a ayudar a que estas familias puedan vivir con mayor libertad" no es cierta en esencia. No existe una ley que pueda darnos más libertad de la que ya tenemos por el hecho de ser humanos. De hecho por décadas muchas leyes han trabajado en sentido inverso.


La legislación sobre el matrimonio civil no es más que un ejemplo de esto. Es una legislación que garantiza privilegios a ciertos individuos como la adopción o la herencia (a través de la libreta de matrimonio y la figura del “heredero forzoso[i]”)[ii].


Entonces si una ley por definición inhabilita a una minoría a ejercer sus derechos y hace que ésta se sienta “poco libre” ¿Tiene que venir otra ley a “liberar” a la minoría o debe eliminarse la ley injusta?

La verdadera minoría oprimida

Como sugiriera Ayn Rand en su magnífica obra “La Virtud del Egoísmo”: “la minoría más pequeña del mundo es el individuo”.

En un país verdaderamente libre no hablaríamos de minorías. El gobierno trataría a todos como individuos iguales ante la ley y, lo más importante, las leyes estarían destinadas a proteger la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad de cada persona.

En un país verdaderamente libre la sola idea de que el gobierno tiene que legislar sobre la decisión de un individuo de formar una familia causaría risa. “Eso no es de países libres, es de países ‘liberados’” dirían.
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[i] El cónyuge, los hijos y los padres (si existiesen al momento del deceso) son herederos forzosos. Es decir que los bienes del difunto –por ley- deben ser repartidos entre ellos y éste sólo puede disponer del 20% de ellos para destinar a otros individuos. Más info.
[ii] (Adoptar y heredar son parte del ejercicio de la libertad de las personas pero nuestro Código Civil los ha elevado a la categoría de privilegios al otorgárselos sólo a un grupo especial de personas).