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viernes, 15 de abril de 2011

La legitimidad del amiguismo

Seguramente muchos han pasado por la situación de perder un puesto de trabajo para el que se postulaban a manos de un amigo o un conocido del dueño de la empresa. Y sí, es frustrante, da bronca y lo sentimos como una injusticia.

Sin embargo, no podemos decir que el dueño de la empresa no tenga derecho a tomar esta decisión. Al fin y al cabo, es su dinero el que está en juego.

Ahora bien, no en vano existen los departamentos de RRHH, y la variedad de tests donde nos hacen dibujar gente bajo la lluvia para asegurarse de que no nos agarre un brote y lleguemos al laburo con una metralleta. Es decir, más allá de que sí exista el amiguismo, a la empresa le preocupa contratar gente útil y muchas veces hacerlo en función de las ganas que le tengas a tu compañera de Yoga, puede resultar en un perjuicio económico.

Este sistema donde el dueño del negocio aporta capital y asume el riesgo de perderlo con el fin de obtener una ganancia se llama “de uno para uno”. O sea, del dueño para el dueño.

Sin embargo, también puede existir el caso de una organización donde haya más de un dueño. Un consorcio de propietarios, por ejemplo, es un lugar donde cada propietario aporta una cuota para recibir los beneficios derivados del uso de las instalaciones comunes como la escalera, los ascensores o la vigilancia.

A diferencia del primero, este sistema no es de uno para uno, sino "de todos para todos”.

El mismo sistema aplica a los gobiernos. Todos los ciudadanos aportamos una parte de nuestro ingreso en concepto de impuestos para recibir a cambio la protección de nuestros derechos.

Ahora bien, cuando el gobierno se pone a producir o a brindarle pantalla a producciones artísticas, de ficción o deportivas como lo hace en la Televisión muy poco Pública, el sistema muta a uno que podemos denominar “de todos a sólo algunos”.

Para peor, al igual que en los ámbitos privados donde la contratación se hace “por contactos”, el amiguismo del gobierno pasa por la afinidad ideológica y el apoyo que los postulantes hagan del “modelo”. O sea que si estás a favor laburás, y si no “después te llamamos”.

Semejante mecanismo representa una injusticia para todos aquellos que no forman parte del negocio. A saber: los que no son contratados por el canal porque piensan abiertamente distinto al gobierno, los que no trabajan allí, y los que no miran su programación.

De la misma manera que sería una injusticia que tus expensas paguen la peluquería y la manicura de la vecina del 4º “A”, no está bien que un sistema que debe ser de todos para todos termine en un negociado cuyos beneficios sólo los amigos del poder y un grupo selecto de televidentes puedan disfrutar.

jueves, 3 de junio de 2010

Una televisión muy poco pública

Una televisión muy poco pública

Me llamó la atención encontrarme en la pantalla de Canal 7 la transmisión del partido final de la Champions League de Europa disputada entre el Bayern Münich y el Inter de Milán. La sorpresa deviene, sobre todo, de comparar lo que se apreciaba en la pantalla con los objetivos que “La Televisión Pública” expone en su página de internet.

“En materia de contenidos, la TV Pública ofrece una programación plural y diversa, con el objetivo de representar a todo el territorio nacional…”

“Consolidar una programación rica, ambiciosa e innovadora, que privilegie la diversidad cultural y el interés público.”


¿Demichelis o Ginóbili?

En principio, no parece haber nada más alejado de la representación del territorio nacional que un partido de fútbol europeo jugado en Madrid entre un equipo alemán y otro italiano. Sin embargo, entiendo que casualmente ésta fue
Pero si de televisar compatriotas desarrollándose profesionalmente en el exterior se trata, ¿por qué no se transmiten los partidos de la NBA que cuenta en sus filas con 6 jugadores argentinos brillando en sus respectivos equipos? ¿Por qué no relevamos la vida de los odontólogos argentinos que se han radicado con relativo éxito en España luego del éxodo del 2001?, o bien ¿por qué no se transmiten los partidos que aún hoy juega el “Gato” Gaudio por algún torneo menor?

Podríamos armar una discusión superficial sobre si, en realidad, lo que corresponde transmitir por la televisión estatal debe ser didáctico, cultural, o educativo como la PBS de Estados Unidos, o si es mejor transmitir fútbol, sit-coms, y programas propagandísticos como parece evidenciar su programación últimamente.

Seguramente habrá argumentos a favor de una u otra alternativa pero todos en aras de privilegiar mejor el interés público y representar mejor a todo el territorio nacional como exige su dirección.

Yo, tú, él. ¿Y nosotros?

¿Qué es el interés público? ¿Existe una entidad que podamos llamar “nosotros” dentro del país o somos argentinos por casualidad y no por elección? ¿Cómo podemos representar acabadamente a todos los habitantes del territorio nacional? ¿Quiénes son “el pueblo”, quién es “la patria”?

Los argentinos, como todos los ciudadanos del mundo, no somos una masa homogénea. No nos definimos por nuestra nacionalidad. Somos individuos, y como tales, tenemos una valoración subjetiva y propia de la vida y la manera de vivirla que puede parecerse o diferir de la de otros compatriotas. Hay argentinos religiosos, como hay argentinos ateos. Hay argentinos honestos, como hay argentinos chantas. Hay argentinos que ven fútbol, como hay argentinos que prefieren el boxeo. O sea que existe una cantidad innumerable de inclinaciones, preferencias, creencias y experiencias.

¿Y ustedes todavía creen que Cristina Fernández o quien sea que sea su títere dentro de Canal 7 puede realmente hacer una representación real y acabada de todas estas diferencias?

Un “todos” que son “unos pocos”

Cuando admitimos este “interés público” y desconocemos la individualidad que nos hace seres humanos, lo que termina prevaleciendo es la individualidad y las preferencias personales de los gobernantes de turno. Como ellos obran en nombre de una voluntad popular que no existe –porque existen muchas voluntades individuales independientes y distintas-, su actividad pasa a estar guiada por su propia voluntad individual y, finalmente, la persecución de sus caprichos políticos.
En nuestro país una de las principales manifestaciones de esta tendencia es la pantalla del canal estatal. Es ésta la causa principal de la existencia de “6 en el 7 a las 8”, y es ésta la razón por la cual se transmitió la final de la Champions. Lo que vemos en la pantalla de “La Televisión Pública” no es la “representación de todo el territorio nacional”, sino la representación de los objetivos políticos de Cristina Fernández de Kirchner.

Creo firmemente que no es justo que aquellos que no piensan como ella, así como aquellos que son totalmente indiferentes a sus ideas y a las ideas de sus adversarios electorales, tengan que regalarle compulsivamente la difusión, propaganda, popularidad o lo que sea que busque en la dirección del contenido de Canal 7.

Si quiere ser popular, si quiere ser querida, si quiere que sus horripilantes ideas prevalezcan, que ella o su partido político trabajen para eso. Pero resulta injusto y vergonzoso que todos nosotros seamos los obligados a financiarla.