Este domingo se festeja en el país el Día del Padre y quisiera aprovechar esta oportunidad para reconocer el lugar que tiene el verdadero papá argentino.
Creo que es este un momento para reconocer en ellos, nuestros gobernantes, legisladores y funcionarios públicos, su verdadera vocación paterna para con todos los ciudadanos cuyas vidas buscan modelar a diario.
Quiero expresar mi más profundo saludo y mi eterna gratitud hacia todos ellos por querer siempre que:
… mi salarios sea digno, mínimo, vita y móvil. (
Artículo 14 Bis de la Constitución Nacional).… tengamos libre y fácil acceso al cuidado de nuestra salud, entendido ésta como la satisfacción de necesidades de alimentación, vivienda, vestido, trabajo y educación. (Ley 153 de la Ciudad de Buenos Aires) … yo tenga una opción de educación gratuita (¿?) en todos los niveles, desde el jardín hasta la universidad (Ley 24195). … pueda ver todos los partidos del mundial y de los campeonatos locales con la sola necesidad de tener un televisor con antena (Decisión Administrativa 144/2009).
Por procurar que:
… cuando vaya a bailar lo haga en horarios “saludables” y razonables fuera de peligro alguno (Régimen Provincial de Nocturnidad, ley 14050 en la provincia y ley 3361 en la Ciudad de Buenos Aires). … ni yo ni mis hermanitos (el resto del país) veamos insultos, violencia, culos, tetas ni nada que sea ofensivo para nuestra estabilidad emocional en la pantalla del televisor (Ley 22285).
Quiero abrazarlos fuerte porque se preocupan tanto por mi bienestar, mi presente y mi futuro que:
… me prohíben tomar cerveza, Fernet u otras bebidas alcohólicas luego de ciertos horarios y se enojan con mis hermanos que se portan mal y se animan a vendérmelas (Ley 3361). … me prohíben siquiera acercarme a las sustancias que consideran malas para mi salud como la marihuana, la cocaína u otros productos psicotrópicos y castigan duramente a quien quiera proveérmelos (Ley 23737). … me obligan a ir al colegio por 10 años de mi vida, desde los 5 hasta los 15 para enseñarme matemática, lengua, geografía y la historia de mi país siempre con ecuanimidad e imparcialidad (Ley 24195). … me obligan a ahorrar y administran parte de mi dinero para que cuando yo crezca, ellos dictaminen si con su limosna podré, o no, sobrevivir (Ley 26.425). … me obligan a usar casco si ando en moto y a ponerme el cinturón de seguridad si manejo un auto (Ley 24449).
Y para que todos tengamos dinero parejito y no haya desigualdades en la familia:
… me obligan a darles el 21% de casi todo lo que compro (Impuesto al Valor Agregado Decreto 280/97) y el 35% del dinero que genero (Impuesto a las Ganancias T.O Decreto 649/97) entre infinidad de aportes. … le prohíben a “mis hermanos” los productores de carne, comerciar con los hijos de otras familias para que la carnecita se quede en casa y la podamos comer todos a precios “populares” (Resolución 114/2006 del Ministerio de Economía y el Código Aduanero).
Y, por supuesto, como todo padre, tengo que pedirle permiso para:
… trabajar como abogado, por más que ya haya obtenido un título (Ley 23187) trabajar como contador, economista, licenciado en administración (Ley 20488). … y hasta para ser administrador de consorcios (Ley 941/02 de la C.A.B.A), o para ser paseador de perros (Decreto 1972/01 de la C.A.B.A) tenemos que pedirle permiso a papá.
Papá es una persona llena de nobles y grandiosos deseos para todos sus hijos. Tiene tantas ganas de que logremos esos deseos, que trata de ayudarnos y busca formas de que todos nos ayudemos mutuamente. Sin embargo, su energía muchas veces no es suficiente y su voluntad termina por quedar sólo en la expresión de deseo y el entusiasmo.
Papá quiere que no nos sintamos mal por ver que algunos hermanitos tienen mejor pasar que otros, por lo que busca constantemente nivelarnos exigiéndole a los que más tienen que ayuden a los que menos tienen, enseñándonos verdaderas lecciones de solidaridad y altruismo.
Papá también es muy exigente. Pero si cumplimos con sus expectativas y sus altos estándares de excelencia, suele darnos permiso para todo (aunque a veces también basta con tratarlo muy bien o conseguirle algún DVD o comprarle alguna corbata de las que gustan ¡y ya está!).
Papá nos quiere mucho. Tanto nos quiere que nos protege de todo y de todos. Vela tanto por nuestra seguridad que termina protegiéndonos de nuestras propias experiencias y hasta de nuestro propio proceso de aprendizaje.
Pero bueno, en definitiva, es él el que sabe más que todos nosotros. Por algo es el papá de la familia, ¿no?