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jueves, 15 de julio de 2010

¿Ser gay, ser heterosexual o ser humano? Esa es la cuestión

Luego de un extenso debate, el Congreso decidió que el Código Civil sea modificado para que de su lectura se interprete que el matrimonio implica, no sólo la unión de dos personas de sexos opuestos, sino también la de dos personas del mismo sexo.

La importancia de este largo debate radicaba en un tema tan esencial como difícil de observar en profundidad. Se trataba de tomar a las personas por lo que son: personas. Del debate podría haberse extraído de una vez y para siempre una verdad evidente en sí misma: que todos somos creados iguales.
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A juzgar por los acontecimientos, si bien pareciera que esto fue lo que sucedió, debo decir que el resultado del debate fue una lamentable confusión filosófica.

De acuerdo a lo ocurrido, los argentinos no somos individuos “creados iguales” sino hasta tanto el señor Pichetto y la señora Estenssoro no lo dictaminen en el Congreso. La igualdad de derechos en Argentina no está dada por el hecho de que somos humanos, sino porque otros humanos, que se llaman diputados y senadores nos la otorgan. Como diría Jack Slater en “El último Gran Héroe”: “¡Grave Error!”

La minoría oprimida que necesitaba un liberador

Siguiendo el curso actual de los acontecimientos, estamos al borde de creernos el cuento de la minoría oprimida que necesitaba un liberador. Para peor, el cuento termina con un monumento a Cristina Fernández en medio del boliche "América" (pagado por todos, por supuesto).

Si de minorías hablamos, los gays y las lesbianas no son las únicas. ¿Qué pasa con los bisexuales? ¿Qué pasa si un día una mujer bisexual decide pasar el resto de su vida al lado de dos personas, una mujer y un varón? ¿Qué pasa con la poligamia y la bigamia, aún dentro de relaciones heterosexuales? ¿Quién decidirá sobre la herencia de estas familias? ¿Quién decidirá sobre la adopción de estas mínimas unidades sociales? ¿Quién legislará sobre la pensión que les quede a las dos mujeres de un bígamo difunto? ¿Qué cargada inventarán los chicos en el colegio para decirle al hijo del bígamo? (Ninguna porque seguro el pibe respondería “Mi papá se mueve a dos minones ¡tarado!”).


En fin, el cuento de la minoría que necesitaba un liberador es simplemente inexistente y creerlo implica desconocer principios filosóficos fundamentales. El ser humano es libre y, como tal, tiene derecho a su propia vida y a vivirla como le plazca, aún equivocándose. Este derecho a mi propia vida es el que me permite decidir con quién voy a vivir, cómo voy a celebrar mi sexualidad, con quién y cómo voy a tener hijos,etc.
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Los derechos son anteriores al gobierno

Al respecto de lo anterior es interesante darle una leída al segundo párrafo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica:

“Sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos…”

Quien no crea en dios puede reemplazar “su creador” por “la naturaleza” y el fondo de la cuestión permanece inmutable: el hombre nace libre y para conservar esa libertad necesitamos un gobierno que la proteja, no que la otorgue.

En este sentido, la afirmación de la presidente de la FALGBT María Rachid cuando afirma que la nueva legislación “va a ayudar a que estas familias puedan vivir con mayor libertad" no es cierta en esencia. No existe una ley que pueda darnos más libertad de la que ya tenemos por el hecho de ser humanos. De hecho por décadas muchas leyes han trabajado en sentido inverso.


La legislación sobre el matrimonio civil no es más que un ejemplo de esto. Es una legislación que garantiza privilegios a ciertos individuos como la adopción o la herencia (a través de la libreta de matrimonio y la figura del “heredero forzoso[i]”)[ii].


Entonces si una ley por definición inhabilita a una minoría a ejercer sus derechos y hace que ésta se sienta “poco libre” ¿Tiene que venir otra ley a “liberar” a la minoría o debe eliminarse la ley injusta?

La verdadera minoría oprimida

Como sugiriera Ayn Rand en su magnífica obra “La Virtud del Egoísmo”: “la minoría más pequeña del mundo es el individuo”.

En un país verdaderamente libre no hablaríamos de minorías. El gobierno trataría a todos como individuos iguales ante la ley y, lo más importante, las leyes estarían destinadas a proteger la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad de cada persona.

En un país verdaderamente libre la sola idea de que el gobierno tiene que legislar sobre la decisión de un individuo de formar una familia causaría risa. “Eso no es de países libres, es de países ‘liberados’” dirían.
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[i] El cónyuge, los hijos y los padres (si existiesen al momento del deceso) son herederos forzosos. Es decir que los bienes del difunto –por ley- deben ser repartidos entre ellos y éste sólo puede disponer del 20% de ellos para destinar a otros individuos. Más info.
[ii] (Adoptar y heredar son parte del ejercicio de la libertad de las personas pero nuestro Código Civil los ha elevado a la categoría de privilegios al otorgárselos sólo a un grupo especial de personas).

jueves, 17 de junio de 2010

¡Grande Pa!

Este domingo se festeja en el país el Día del Padre y quisiera aprovechar esta oportunidad para reconocer el lugar que tiene el verdadero papá argentino.

Creo que es este un momento para reconocer en ellos, nuestros gobernantes, legisladores y funcionarios públicos, su verdadera vocación paterna para con todos los ciudadanos cuyas vidas buscan modelar a diario.

Quiero expresar mi más profundo saludo y mi eterna gratitud hacia todos ellos por querer siempre que:

  • … mi salarios sea digno, mínimo, vita y móvil. (Artículo 14 Bis de la Constitución Nacional).
  • … yo pueda pagar el colectivo (Decreto 678/2006), el tren (Decreto 652/2002) y hasta el taxi, cuidando también que mi “hermano”, el taxista, no pierda plata (Decreto 806/08).
  • … tengamos libre y fácil acceso al cuidado de nuestra salud, entendido ésta como la satisfacción de necesidades de alimentación, vivienda, vestido, trabajo y educación. (Ley 153 de la Ciudad de Buenos Aires)
  • … yo tenga una opción de educación gratuita (¿?) en todos los niveles, desde el jardín hasta la universidad (Ley 24195).
  • … pueda ver todos los partidos del mundial y de los campeonatos locales con la sola necesidad de tener un televisor con antena (Decisión Administrativa 144/2009).

Por procurar que:

  • … cuando vaya a bailar lo haga en horarios “saludables” y razonables fuera de peligro alguno (Régimen Provincial de Nocturnidad, ley 14050 en la provincia y ley 3361 en la Ciudad de Buenos Aires).
  • … ni yo ni mis hermanitos (el resto del país) veamos insultos, violencia, culos, tetas ni nada que sea ofensivo para nuestra estabilidad emocional en la pantalla del televisor (Ley 22285).

Quiero abrazarlos fuerte porque se preocupan tanto por mi bienestar, mi presente y mi futuro que:

  • … me prohíben tomar cerveza, Fernet u otras bebidas alcohólicas luego de ciertos horarios y se enojan con mis hermanos que se portan mal y se animan a vendérmelas (Ley 3361).
  • … me prohíben siquiera acercarme a las sustancias que consideran malas para mi salud como la marihuana, la cocaína u otros productos psicotrópicos y castigan duramente a quien quiera proveérmelos (Ley 23737).
  • … me obligan a ir al colegio por 10 años de mi vida, desde los 5 hasta los 15 para enseñarme matemática, lengua, geografía y la historia de mi país siempre con ecuanimidad e imparcialidad (Ley 24195).
  • … me obligan a ahorrar y administran parte de mi dinero para que cuando yo crezca, ellos dictaminen si con su limosna podré, o no, sobrevivir (Ley 26.425).
  • … me obligan a usar casco si ando en moto y a ponerme el cinturón de seguridad si manejo un auto (Ley 24449).

Y para que todos tengamos dinero parejito y no haya desigualdades en la familia:

  • … me obligan a darles el 21% de casi todo lo que compro (Impuesto al Valor Agregado Decreto 280/97) y el 35% del dinero que genero (Impuesto a las Ganancias T.O Decreto 649/97) entre infinidad de aportes.
  • … le prohíben a “mis hermanos” los productores de carne, comerciar con los hijos de otras familias para que la carnecita se quede en casa y la podamos comer todos a precios “populares” (Resolución 114/2006 del Ministerio de Economía y el Código Aduanero).

Y, por supuesto, como todo padre, tengo que pedirle permiso para:

  • … trabajar como abogado, por más que ya haya obtenido un título (Ley 23187) trabajar como contador, economista, licenciado en administración (Ley 20488).
  • … y hasta para ser administrador de consorcios (Ley 941/02 de la C.A.B.A), o para ser paseador de perros (Decreto 1972/01 de la C.A.B.A) tenemos que pedirle permiso a papá.

Papá es una persona llena de nobles y grandiosos deseos para todos sus hijos. Tiene tantas ganas de que logremos esos deseos, que trata de ayudarnos y busca formas de que todos nos ayudemos mutuamente. Sin embargo, su energía muchas veces no es suficiente y su voluntad termina por quedar sólo en la expresión de deseo y el entusiasmo.


Papá quiere que no nos sintamos mal por ver que algunos hermanitos tienen mejor pasar que otros, por lo que busca constantemente nivelarnos exigiéndole a los que más tienen que ayuden a los que menos tienen, enseñándonos verdaderas lecciones de solidaridad y altruismo.


Papá también es muy exigente. Pero si cumplimos con sus expectativas y sus altos estándares de excelencia, suele darnos permiso para todo (aunque a veces también basta con tratarlo muy bien o conseguirle algún DVD o comprarle alguna corbata de las que gustan ¡y ya está!).

Papá nos quiere mucho. Tanto nos quiere que nos protege de todo y de todos. Vela tanto por nuestra seguridad que termina protegiéndonos de nuestras propias experiencias y hasta de nuestro propio proceso de aprendizaje.

Pero bueno, en definitiva, es él el que sabe más que todos nosotros. Por algo es el papá de la familia, ¿no?