Por lo general (acaso sea por la influencia del “monopolio”) los argentinos solemos mirar con el ceño fruncido medidas que tiendan a regular la prensa (ley de medios), medidas que atenten contra el derecho de industria lícita (caso Fibertel) y hasta solemos dudar de la efectividad y la legitimidad de la mayoría de los subsidios.
Sin embargo, existe un área protegida por el manto sagrado de lo políticamente correcto, una actividad cuya sola mención no admite prueba en contrario y una esfera a la que nadie debería osar quitarle su merecida prioridad: La Promoción de la Cultura.
Seguramente la idea hegeliana de que el arte puede “mitigar el salvajismo de los meros deseos” al “encadenar y educar los impulsos y pasiones”[i] tenga su cuota de responsabilidad en la creencia de lo beneficioso y necesario que es que el gobierno promueva el desarrollo de la cultura y las actividades artísticas.
Además, es mucho más cool y más refinado que decir “el salvajismo lo vamos a combatir con la policía”.

En este marco fue que el Ministerio de Cultura de la Ciudad –a cargo de Hernán Lombardi- organizó, el pasado sábado, el concierto de Zubin Mehta en la 9 de Julio para unas 30.000 personas. Por supuesto que el costo de este megaevento “gratuito” fue pagado por todos nuestros impuestos –los de los porteños-.
Que el gobierno organice un evento como éste puede equipararse a que, un día, Mauricio Macri, nos saque plata de nuestra billetera y se la dé a Lombardi para que éste nos elija en Musimundo el CD que debemos escuchar. Esta es la manera de difundir la buena cultura que ningún vecino de Buenos Aires debería ignorar.
Ahora la pregunta es ¿Qué saben Lombardi y Macri más que cada individuo por sí mismo de la buena cultura? ¿Cómo harán para elegir lo que verdaderamente es mejor? Veamos qué decía un economista austríaco que visitó la Argentina en 1958:
“…en error aún mayor inciden tales artistas cuando dicen que ‘tiene el gobierno que apoyar a los buenos poetas, pintores, y escritores’ ¿A quién debería el correspondiente ministro comisionar para decidir si un nuevo y original pintor es bueno o es malo? Habría de acudir a los críticos, los profesores de historia del arte, gentes que normalmente no saben sino mirar hacia el pasado, y pocas veces han descubierto genio desconocido alguno”[ii]
Por ahí aquí yace el misterio de porqué Lombardi se dedicó a la política y no está descubriendo a las futuras Lady Gagas y los futuros Justin Timberlakes del mundo. En síntesis, nada parecería indicar que el ministro que sea, pueda saber realmente qué es una oferta cultural que valga la pena y qué no.
Sin embargo, lo hacen y muchos son los que aplauden.
Ahora: si aceptamos que el gobierno sea el encargado de ofrecernos cultura de la buena ¿Cuánto tiempo pasará hasta que decida ofrecernos información de la buena? ¿Libros de los buenos? ¿Costumbres de las buenas?
¿Y cuánto más hasta que decida prevenirnos de la mala cultura, la mala información, las malas costumbres, y del subsidio y el fomento pasemos a la censura y el apriete?
No se me ocurre aquí plantear que la gestión Macri es similar a la de Kirchner. Sin embargo, sí querría advertir que una vez que permitimos que el gobierno decida sobre cosas sobre las que cada uno de nosotros está en mejor posición de decidir por sí mismo, estamos plantando la semilla de un potencial régimen autoritario y tiránico.
Una vez plantada, al gobierno podrán llegar los Kirchner, o podrá llegar José Pérez. Pero si no pensamos que hay cosas sobre las que lo mejor es dejar que cada uno decida, lo único que nos protegerá de que éste no sea como los anteriores, será la suerte.
[i] John Carey. “¿Para qué Sirven las Artes? http://www.solesdigital.com.ar/libros/artes.htm
[ii] Ludwig Von Mises. “Seis Lecciones Sobre el Capitalismo”
