“La cuestión que plantea la planificación económica no consiste, pues, solamente en si podremos satisfacer en la forma preferida por nosotros lo que consideramos nuestras más o menos importantes necesidades. Está en si seremos nosotros quienes decidamos acerca de lo que es más y lo que es menos importante para nosotros mismos o si ello será decidido por el planificador. La planificación económica no afectaría solo a aquellas de nuestras necesidades marginales que tenemos en la mente cuando hablamos con desprecio de lo simplemente económico. Significaría de hecho que, como individuos, no nos estaría ya permitido decidir qué es lo que consideramos como marginal”
viernes, 25 de mayo de 2012
202 Años
viernes, 4 de mayo de 2012
Ser Celíaco…
viernes, 25 de marzo de 2011
Los Aprovechadores
María: ¡Ay Ju! ¿Qué decís? ¡Lo hace todo por el rating!
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José: ¿Viste la modelo que era cartonera? Además de estar muuuy buena, qué lindo mensaje envía a todos sobre la capacidad de progresar…
Lucio: ¡Calláte Joe! Seguro la contratan para poder pagarle dos pesos con cincuenta, total la mina va a aceptar o aceptar.
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Ariel: ¡Qué genio Messi! Además de ser el mejor jugador de la historia dona millones de euros para su fundación de asistencia a chicos en situación de riesgo…
Jimena: Muy ingenuo lo tuyo Ari, es obvio que lo hace para deducirlo del pago del impuesto a las ganancias. ¡Flor de vivo Lionel!
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Existe en nuestra sociedad, y probablemente en muchas otras, la idea de que las buenas acciones, las buenas de verdad, tienen que ir siempre en un solo sentido. Hacer el bien significa actuar de manera desinteresada; darle algo a otro sin contraprestación, sacrificarse.
Si algún individuo llegara –por medio de una actividad determinada- a ser parte de la mejora de la situación personal de otro y existiera la mínima sospecha de que de esa participación el primer individuo tendrá un beneficio personal, la actividad jamás ingresará al paraíso de lo moralmente correcto y su actor irá a parar al infierno de los aprovechadores.
Frente a esta idea cabe oponer dos cuestiones. En primer lugar vale la pena preguntarse por qué debería ser correcto sacrificarse por alguien de manera desinteresada. Es decir, si hoy evito gastar 10 pesos para ahorrar y comprarme una remera en dos meses, el sacrificio en el consumo presente me beneficia en un “mejor” consumo futuro.
Ahora, si yo sacrifico 10 pesos hoy regalándoselos a un individuo desconocido, ni en el presente ni en el futuro obtendré un resultado favorable de dicha acción. Mi sacrificio redunda directamente en el beneficio de este otro sujeto, pero es un juego donde uno pierde y otro gana. ¿Qué tiene de moralmente correcto este sistema? Nada.
Una segunda oposición a la idea de mandar a todos los aprovechadores al infierno es el papel que éstos cumplen en determinados sistemas. El economista profesor Israel Kirzner, en su crítica a la teoría de la competencia perfecta, indica que la realidad no se caracteriza por la existencia de mercados de competencia perfecta sino más bien por la existencia de mercados de conocimiento imperfecto (lo que significa que la razón por la cual en el barrio de Caballito compramos manzanas a 6 pesos el kilo es que no sabemos dónde conseguirlas más baratas).
Dado este conocimiento imperfecto, es el empresario –el aprovechador por excelencia- el que verá en estas imperfecciones oportunidades de beneficio. Si descubre que en Mataderos el kilo de manzanas está a dos pesos y agregando el precio del traslado puede revenderlo a 4$ y hacer negocio, entonces no dudará en aprovechar la situación para ganar dinero. Como colateral, este beneficio individual redunda en uno “social” para quienes viven en Caballito.
Sin embargo, si bien en términos generales este sistema se entiende y se juzga como mejor que otros, la noción de que la búsqueda del beneficio personal y que el egoísmo son intrínsecamente perversos, genera un sistema legal que impide el desarrollo de este proceso de manera eficaz.
En consecuencia tenemos leyes laborales que impiden la libre contratación, leyes que impiden el libre comercio y leyes que obligan a regalar ganancias al Estado para que éste redistribuya la riqueza.
Pero el tema no es económico sino de principios. Hasta no abandonar la hipocresía que implica la idea de que el sacrificio desinteresado es superior al interés personal, hasta que no admiremos a los aprovechadores y diseñemos un sistema en que el beneficio de ellos sea el beneficio del resto, las posibilidades de vivir en un país donde todos tengan una mejor calidad de vida seguirán siendo muy bajas.
jueves, 19 de agosto de 2010
Sacándole la navaja al mono
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Lo que seguramente no podremos afirmar nunca es que fueron gobernantes que no trabajaron.
Trabajando “por la gente”
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Si tomamos los estudios de
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¿Y qué hicieron los políticos contemporáneos[i] en las últimas décadas para ser eficientes? Se mostraron trabajando por la gente: Si había desempleo, empleo público y salario público. Si los salarios eran “bajos”, leyes de salarios mínimos. Si los precios eran altos, “acuerdos” o leyes de precios máximos y luego de “abastecimiento”...
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Las sociedades civilizadas no llegaron a gozar del confort de que gozan hoy gracias a los esfuerzos de los gobiernos. El bienestar material que tenemos no ha sido provisto por los secretarios ni por los comités reguladores, sino por el fenómeno de la interacción social facilitada por el comercio.
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io”...
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jueves, 24 de junio de 2010
Bart, Lisa y El Misterio del Capital
En el año 2000, el economista peruano Hernando de Soto publicó su segundo libro, titulado “El Misterio del Capital”. En él, plantearía que el problema de la pobreza en los países subdesarrollados tenía su base en un difuso y complejo sistema de derechos de propiedad que terminaba excluyendo del progreso a la mayoría.
El punto central era simple: Los países desarrollados le hacen a la gente mucho más fáciles las cosas a la hora de registrar una propiedad, crear una empresa o pagar los impuestos. Estar “en blanco” en los países desarrollados, está bueno. En los países pobres, como el nuestro y el de nuestros vecinos, los incentivos cambian y la cosa no está tan buena.
Bart y Lisa viven en Springfield, Estado Unidos. Sin embargo en el extracto de este capítulo parecen retratar a la perfección una situación muy argentina y muy “Desótica” (por De Soto, claro).
Según datos del Banco Mundial[i], en la Argentina se requieren 27 días para registrar una empresa. Veintisiete días en los que el empresario tiene que trasladarse a las oficinas gubernamentales, pagar viáticos, pagar fotocopias, certificados, impresiones, sellos, etc. Se invierte tiempo y dinero. En Australia, por el contrario, sólo son necesarios dos días. En Nueva Zelanda, 1.
¿Sorprende entonces a alguien que en Nueva Zelanda se hayan registrado 65.098 empresas en el año 2006, y en Australia 82.184, mientras que en Argentina sólo se registraron 16.400[ii]?
Si tomamos los datos del año 2009, en Argentina se estiman necesarias 453 horas para preparar y pagar los impuestos. En Nueva Zelanda, sólo 70, mientras que en Australia se necesitan 107[iii].
¿No es esto un incentivo, aunque sea pequeño, para encontrar una manera “más simple” de estar en regla, o para decidir que es mejor negocio no estarlo?
Imaginemos una situación como la del video, pero sin inspector del gobierno. ¿Estaría Bart incentivado en alguna forma a ofrecerle dinero a alguien para que éste haga la “vista gorda” sobre algo?
¿Finalmente no es siempre el gobierno el que está en el medio de escándalos de corrupción (IBM-Banco Nación; Venta de Armas a Panamá; Reforma laboral de De La Rúa; Valijas Voladoras de Kirchner)?
Entonces:
Regulamos el comercio para frenar los “excesos y fallas del mercado” y nos encontramos con los “excesos y las fallas” de los oficiales del gobierno aumentando el nivel de corrupción general.
Imponemos regulaciones, emitimos disposiciones, resoluciones y decretos para tener la empresa más seria, más higiénica y más "saludable" y más específica en su objeto social, y matamos de a poco el incentivo a la creación de empresas y, en consecuencia, a la creación de trabajo y al aumento del nivel de vida.
Cobramos impuestos a las ganancias, al valor agregado, a los bienes personales, a las transferencias bancarias, a las transferencias inmobiliarias, etc. para buscar un equilibrio social y “distribuir la riqueza” y resulta que nos quedamos sin distribución y sin riqueza.
Muchos dirán que es una cuestión de formas. Que la teoría es buena, pero la práctica falla. Por ahí llegó la hora de pensar en una teoría "malísima". Quizás tenemos suerte y la práctica resulta bárbara.
[i] http://data.worldbank.org/indicator/IC.REG.DURS
[ii] http://data.worldbank.org/indicator/IC.BUS.NREG
[iii] http://data.worldbank.org/indicator/IC.TAX.DURS
jueves, 10 de junio de 2010
Short de Ideas

Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel, de quienes poco tiempo atrás se temiera fueran a desatar una revolución pro-mercado, dejan a los viejos paradigmas europeos dormir tranquilos.
¿Cómo?
Lo que hago entonces es alquilar acciones de “lacrisisesfilosofica.blogspot” a un tenedor por un período determinado. Una vez que me hago de las acciones (supongamos 10), las vendo a $100 cada una y recibo 1000 pesos.
De acuerdo a lo esperado, el sitio comienza a mostrar signos de debilidad, algunos auspiciantes comienzan a retirarse y el precio de la acción cae a $50. En este momento, compro las diez acciones que necesito devolver, por un valor de $500 (10 acciones x $50).
Al prestador, además de devolverle las acciones, le pagué un alquiler de, digamos, $100, con lo que hice una diferencia de $400 para mí.
Diferentes Objetivos
Seguramente cualquiera que esté leyendo estos pensamientos ha ido alguna vez a un local bailable, boliche, disco, o boite, dependiendo edades, etc. Allí podemos ver que no todos los asistentes tienen los mismos objetivos.
Están los hombres que van a bailar con sus amigos; los que se alcoholizan y quedan derrotados en algún rincón; los que van a buscar una “amiga” para pasar la noche; los que van a buscar una novia para reemplazar a la recientemente dejada; y demás. Entre las mujeres, están las que van a bailar con sus amigas; las que dicen que van a bailar con sus amigas para ahuyentar hombres, hasta que llega el que de verdad les gusta; y así infinidad de casos.
No hay conflicto de intereses
Ustedes pensarán que sí, es cierto que hay distintos objetivos, pero si una persona me alquila acciones y gana plata porque mis acciones bajan, él gana lo que yo estoy perdiendo. Parece lógico pero simplemente no es así
Remitiéndonos al ejemplo anterior, tenemos dos personas con distintos objetivos. El primero, que se benefició de su operación ganando $400 con la venta en corto. El segundo perdió la mitad del valor de sus acciones pero cobró $100 de alquiler, sigue habilitado a cobrar dividendos y, además, retiene la posibilidad de que la acción retome la senda alcista. (Si esto pasa y la acción sube a 150$, tanto el especulador a la baja, como el especulador a la alza ganaron aunque en distintos plazos.). 
Este “bienestar” no sólo implica impuestos altos para su financiación, sino también un sistema de incentivos orientado, no hacia la producción, sino hacia el consumo y el ocio. La consecuencia es un país que no produce lo suficiente para mantener la “red social”. Acto seguido, los gobiernos pasan a endeudarse y, en el largo plazo, las finanzas gubernamentales se vuelven frágiles. Grosso modo, esto es lo que viene sucediendo en Europa hace un tiempo y ha tenido su explosión en Grecia.


